No, no les voy a hablar de aquella peli de George Nespresso Clooney. En realidad me refiero al nombre que le dan los yanks al chupete: pacifier. Reconozco que, a la hora de poner nombres a los objetos, los angloparlantes suelen ser mucho más directos y funcionales. «Pacificador» es un término mucho más adecuado que «chupete». Créanme, sé de lo que cojones me hablo.

Dicho lo cual, he creído pertinente mostrarles la pequeña colección de pacificadores de mi hijo Gabriel, también conocido como Babié, por obra y gracia de su hermana Claudia, también conocida como Cuaia, por obra y gracia de mi sobrina Nerea, también conocida como Nenene, y aquí paro la cadena porque, como ustedes saben, todos los argumentos recursivos deben tener condición de parada, so pena de consumir el Universo en una hoguera de datos inútiles autorreferentes (usando esta palabra le robaré tráfico a Microsiervos MBWHAMBWHAMBWHAMBWHAMBWHA).

Hete aquí a Gabriel con su pacificador canónico.

Las chupitas de Gabriel (1)

Y aquí lo tenemos con el pacificador que tan amablemente nos regaló el desgraciado querido Doctor π:

Las chupitas de Gabriel (2)

Finalmente, aquí lo tenemos con su pacificador favorito, aunque con esa frase, mucha paz no creo que vaya a traer al mundo, no. A fin de cuentas, la noche en que nació se pegó fuego un coche en frente de la casa de mi amigo Saulo.

Las chupitas de Gabriel (3)