Las inquietantes orejas de Mickey Mouse
El otro día estaba viendo un episodio de La casa de Mickey Mouse con Claudia, porque sepan ustedes que los dos sufrimos el mismo síndrome: es pasar por delante de la tele y quedarnos clavados en el sitio. Gracias a Nyarlathotep que nunca veo la tele y que solo pasaba por allí.
Estábamos viendo La casa de Mickey Mouse, decía, cuando empecé a notar una cierta inquietud. Me pareció que debajo de aquellos dibujos infantiles y un tanto estúpidos (en mi opinión Dora la exploradora gana por goleada, aunque quizás se deba a que soy antisistema por sistema
), se escondía un mundo de horror sin nombre. Como en una novela de Esteban Rey, vamos.
Al cabo de 15 minutos caí en la cuenta de qué se trataba: eran las orejas de Mickey Mouse.
Sí, sí, las orejas. Si tienen un episodio a mano, observen al icónico roedor. ¿No ven nada raro en sus orejas? ¿No les parece raro que las orejas tengan siempre la misma orientación sea cual sea el lado al que esté mirando Mickey?
¿No me creen? Bueno, vale, miren una foto de un Mickey normal, si es que puede considerarse normal a un ratón que habla como si tuviera una barra de metal frío inserta donde el ilustre Luis Aragonés decía que no le cabía ni un pelo de gamba.

Ahora miren a Mickey mostrando su perfil griego:

Joder, las orejas se han movido. ¿Me oyen? ¡Se han movido, joder! ¡Son orejas bidimensionales en un mundo tridimensional! ¡El acabose!
Voy a tener que iniciar a Claudia en el Reverso Tenebroso de la Fuerza.
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