Hace como cosa de dos meses (fue el día en que nació Gabriel), estaba yo por el hospital Materno-Infantil (¿dónde si no? XD), yendo del módulo nuevo al módulo viejo, para arreglar no-sé-qué papeles relacionados con el nacimiento del niño.

En esto que veo acercarse a un escombro juvenil que llevaba puesta música a toda hostia. Bueno, casi. En realidad la música sonaba como si estuviera saliendo de una lata metida en el fondo del retrete después de haber cagado encima.

Me fijé en la bestezuela y vi que tenía una carpeta en las manos. Pensé «seguro que es uno de estos cretinos que pone la música del móvil a toda hostia», pero me extrañó, porque con los móviles nuevos, la música suena mejor que en la radio de mi coche.

Sin embargo, al acercarse más, me fijé mejor. Y la música no salía de un teléfono móvil, no. La realidad era mucho más espantosa.

La música salía de un netbook con un pen drive enchufado.

Por el amor de Shub-Niggurath, era la primera vez que veía un boombox 10.0, porque no me jodan, eso es tan pasado de vueltas que no puede ser 2.0 ni de coña. Tiene que ser 10.0 lo menos.

Estuve tentado de decirle que no hiciera el gilipollas y que se comprara unos altavoces Harman Kardon para enchufárselos al netbook. Muy portátil no queda, pero qué coño, mola que te cagas, y de eso se trata, ¿no?

¿Alguien sabe cómo puede uno nacionalizarse marciano, o algo?