Out-of-Place Artifact
Mi amigo Isra dice que cuando Claudia lo ve, lo clasifica automáticamente como un OOPArt, y por eso se echa a llorar.
Eso me lleva a pensar que algunos somos incapaces de encajar en según qué situaciones, ya sea porque despedimos un cierto tufo a inadaptado social de forma natural, ya sea porque nos pasamos en ocasiones las convenciones sociales por el forro de los cojones.
Sí, yo encajo en ambas categorías, como tantos otros.
Para ponerles en situación: ¿qué es lo que la gente suele hacer cuando va a un bar?
- Beber hasta caer muerto delante de la barra.
- Beber hasta caer muerto mientras ves un partido de fútbol.
- Desayunar/almorzar/merendar/cenar.
- Tomarte un café.
- Beber hasta caer muerto mientras esperas a que te hagan unos bocadillos.
Como ven, opciones hay muchas, y seguro que ustedes, gente de retorcida mente, pueden pensar en alguna más.
Ahora bien, lo que no se hace en un bar es leer novelas.
Anoche bajé al bar que tengo al lado de casa a comprar unos bocadillos metacalóricos riquísimos. Los dueños del bar deben de ser bocadillomantes, porque les salen cojonudos. Pues yo bajé, pedí los bocatas para llevar... Y me puse a leer el libro La espada del destino, de Andrzej Sapkowski, apoyado en la barra. Eso, en una noche en la que jugaba el Sevilla para su pase a la Champions (y eso lo sé por Noli, no crean).
La gente me miraba raro. De repente se hizo un silencio antinatural en el bar. Todos con sus penes copas en las manos, viendo el partido, y yo pasando de todo, leyendo un libro mientras esperaba por los bocatas.
Por un momento temí que me aflojaran cuatro hostias para obligarme a beber un güisqui de garrafón o algo.
!-->
