No, no voy a hablar de una tía que esté muy salida. Yo soy un friki decente, faltaría más. Así que a mamarla, cabrones, que entran aquí esperando ver porno de vaquita.

En realidad quiero volver al baño de mi empresa. Sí, el mismo baño de antes. Los baños de empresa son especiales, y a mí me da que el de mi empresa está uno o dos centímetros desplazado con respecto a la realidad circundante. Es un desplazamiento pequeño, sutil, pero significativo.

Veamos... El baño de mi empresa (me cago en todo, cada vez que voy a escribir «empresa» escribo «embresa» y luego tengo que borrar; seguro que ahora lo escribo bien, por joder) tiene la siguiente configuración:

Shit pods

Pues el otro día, por razones que no vienen al caso, pusieron el baño de la empresa de punta en blanco. Incluso pusieron dentro un cartel, encima de la puerta, que pone «Salida».

A ver, supongan que entran por el puerto I/O del baño, y ves siete puertas delante de ti, cada una con un shit pod (el que no haya tenido una visión automática de un sujeto en eyección mientras se encuentra en plena deyección, fuera de la sala). Entras en uno y te dedicas al noble arte de dejar tus cañerías internas niqueladas aplicando un diferencial de presión.

Sales del shit pod, te lavas las manos y...

¿Y?

Entramos en la zona negativa.

Supongamos que te entran ganas de mear, pero muchas, muchas ganas de mear. Tantas, que te sacas la chorra y entras en la primera puerta que se te ocurre, pensando que es un shit pod.

Horror y condenación.

De repente, estás en el pasillo de la empresa, con la chorra en la mano. O lo que es peor, has meado porque entraste con los ojos cerrados sin darte cuenta de que estabas en realidad saliendo por el puerto I/O del baño.

Pues para eso se pone un cartel en la parte superior que pone «Salida», claro.

Aaaaah, cuánto daño han hecho las disfunciones cognitivas espaciales a la señalética.