Las canciones son como garrapatas
Es decir, cuando se te engancha una, no hay manera de soltarla. Algo parecido les conté yo cuando el subcontinente indio todavía no estaba unido al continente asiático. Solo que lo de ahora va con reverberación. Me explico.
Entre mis muchas manías se cuenta la de deformar canciones hasta que chillen. De hecho, en el lenguaje común que compartimos Noli y yo hay determinadas canciones de las cuales solo recordamos la letra retorcida. Noli se desquicia intentando recordar las letras reales ![]()
Al principio las deformaba yo solo, pero luego Noli se unió al carro, y cantaba burradas que harían enrojecer a un estibador ruso.
¿Y saben lo mejor de todo? Que Claudia también lo hace. Entonen conmigo un enorme LOLOCAUST ![]()
El ejemplo típico es la canción esa de los elefantes, que es de tipo fractal. Sí, esa de «un elefante se balanceaba...». Pues Claudia dice que los elefantes SÍ se caían de la tela de la araña (ha aprendido bien pronto cómo romper la recursividad de un argumento, la jodía). Y lo dice bien alto y claro, descojonada, para joder ![]()
Digo todo esto porque a veces vamos cantando cosas en coche que harían que una familia japonesa post-Hiroshima típica pareciera normal. Los tres. A coro.
Ayer, mientras volvíamos los tres a casa en coche, mi cerebro decidió que era un buen momento para un recableado, y en el proceso metió un core dump del tamaño de una flota de reapers en Mass Effect 2.
Y esto es lo que salió a flote, como un ñordo emergiendo de las profundidades abisales y sin luces de posición ni hostias.
Ya hemos empezado a evaluar la canción, a ver por dónde podemos romperla. De momento, parece que podemos colar algunas referencias a vaquitas, pero eso siempre es fácil. La cuestión es que llevo todo el día repitiéndome la canción, deformándola sutilmente, como un artesano delante de un pastuño de barro y mierda al que sabe que, tarde o temprano, le dará forma.
Seguiremos informando.
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