Hace un rato estaba cagando haciendo aguas mayores en el baño de la empresa, cuando, no sé por qué, me ha venido a la cabeza un tipo de madera llamada bitacola. Creo que cuando cago hago aguas mayores entro en estado de asociación libre de ideas.

Eso a veces es bueno, y a veces te hace entrar en bucle, lo cual, teniendo en cuenta el estado en que me suelo encontrar (recuerden: en el retrete), puede llevarme a una desagradable situación en la que la irritación del esfínter anal se convierte en una más de mis preocupaciones diarias. Como si tuviera pocas ya.

A lo que iba. Al pensar en esa madera me he acordado de una historia familiar curiosa. No tiene moraleja, así que no esperen salir más iluminados de aquí tras leerla. Recuerden que este blog sirve para evacuar cosas que quiero sacar de mi cabeza, haciendo sitio para nuevas chorradas.

Mi familia se ha dedicado tradicionalmente a los oficios arcanos, lo cual me hace doblemente raro, porque yo soy el único tecnomante, al menos que yo sepa. Mi padre es carpintero, y como tantos otros de su generación, vale igual para un roto que para un descosido. Sin embargo, como en todo, hay categorías, y creo estar en posición de afirmar que mi padre es un hacker.

Solo que mi padre no modifica software, sino hardware. Normalmente hardware de madera, para más señas. Si hay algo que pueda arreglarse, él lo arregla. Si hay algo que pueda mejorarse, él lo mejora.

Y eso incluye uno de los ejercicios de recursividad en carpintería más bizarros que recuerdo. Aquellos de ustedes que no estén familiarizados con el utillaje de la profesión, quizás no conozcan el cepillo de carpintero. Digamos que este tipo de herramientas no evolucionó mucho durante un par de miles de años.

Pues mi padre no estaba muy contento con su juego de cepillos, y decidió fabricarse uno. El cepillo tenía que ser duro, muy resistente, cómodo de usar y capaz de partirte la cabeza si te lo tiraban con puntería.

Así que mi padre escogió madera de bitacola (o palo-hierro de Brasil, no recuerdo bien) para moldear un cepillo. Usando para ello el cepillo de metal que ya tenía claro.

A lo mejor parece absurdo hacerse una pieza de herramienta para trabajar madera en madera, pero créanme, las maderas que les he nombrado son extremadamente duras. Eran muy jodidas de trabajar, así que mi padre tuvo que sudar la gota gorda para hacerse una herramienta totalmente configurable, pulida y dura como el hierro con la que poder trabajar.

Con el tiempo se hizo una auténtica colección de herramientas forjadas en madera, trabajando incontables horas en su taller de la casa de La Atalaya. Las guardaba como oro en paño y me tenía totalmente prohibido tocarlas XD En general mi sudor es bastante corrosivo, así que pieza de acero inoxidable que tocaba, pieza que se oxidaba ]:-)

Salvando las distancias, el cepillo que fabricó mi padre se parecía a este.

Por desgracia, todas las herramientas que fabricó mi padre fueron robadas. Cuando vendimos la casa de La Atalaya, dejó las herramientas en casa de mi difunto abuelo, y como allí no vivía nadie, alguien que sabía muy bien lo que buscaba, entró una noche tranquilamente y se las llevó. Créanme, esas herramientas valían un buen pico. Un carpintero hubiera pagado dinerales por ella.

Lástima que las robaran. Hubiera podido fotografiarlas hoy día ;)

PS Buscando material para la historia he encontrado una breve historia del cepillo de carpintero, en dos partes: primera y segunda.