C'est fini
Ahora sí, esta es la historia que tendría que haber supuesto mi vuelta al ruedo el otro día, si no fuera por el soberano cabreo que llevaba (y llevo). Así que allá vamos.
Ustedes, mis avispados lectores, se habrán dado cuenta de que llevo bastante tiempo desaparecido en combate. Viendo algún comentario mío, habrán notado que el motivo reside en cierto país situado al norte de los Pirineos, o más bien, al idioma hablado en dicho país.
El año pasado me matriculé en clases de francés en la Escuela Oficial de Idiomas. No me matriculé porque lo necesitara, sino porque siempre me ha gustado cómo suena el francés, así que pensé, «¿por qué no?». Tengo habilidad para mimetizar mi acento con el idioma que sea (tendrían que oírme diciendo «no sé hablar ruso» en ruso
).
Así, empecé muy voluntarioso el septiembre pasado en la EOI, sin enterarme de un pijo las primeras clases. Los primeros meses tenía clases martes y jueves por la tarde, y algunos viernes de forma alterna, siempre de 19:00 a 21:00 y a partir de febrero solamente martes y jueves.
Bien, pero hay un pequeño problemilla. Mi horario de trabajo exige que haga dos tardes a la semana, a elegir, de 16:30 a 19:00. Normalmente hacía esas tardes los lunes y martes, pero claro, con las clases de francés, acabé haciendo las tardes de los lunes y los miércoles.
Ahora echen cuentas. De septiembre a enero (con el parón de las vacaciones de navidad, claro), estuve ocupado de lunes a viernes, de mañana a noche. A partir de febrero solamente de lunes a jueves, pero en medio he tenido los exámenes. Tuve los parciales en febrero y los finales el mes pasado, en mayo.
Ahora toca hacer balance de todo eso. En el lado positivo de la balanza está lo que he aprendido, que es mucho. Soy capaz de chapurrear francés básico, y conozco algunas estructuras gramaticales útiles (le présent de l'indicatif, l'impératif y le futur proche), y tengo un vocabulario más o menos decente. Entiendo bien lo que leo, dentro de mi nivel, y me meto unas parrafadas tremendas con los elementos de que dispongo (incluyendo insultos y referencias a fumar cannabis, muy en mi estilo
). Entenderlo es mucho más complicado... De hecho, tengo la impresión de que si los franceses acortaran más las frases cuando hablan, directamente se mirarían a los ojos sin decir palabra y se entenderían.
El lado negativo es la increíble cantidad de tiempo que me han quitado las clases de francés. Cuando me matriculé no era del todo consciente de lo que se me venía encima. Y a pesar de que en mi familia se usa mucho el dicho «el que coge el mal por su gusto, vaya al infierno a quejarse», me quejo, que para eso es gratis ![]()
Teniendo en cuenta que de lunes a jueves (y al principio de lunes a viernes), me encontraba fuera de casa casi todo el día, eso quería decir que Noli se tenía que encargar prácticamente de todo el día a día de la casa, lo cual sumado a su trabajo y al embarazo, la dejaba cansadísima. Por supuesto, todo lo que no podía hacer entre semana era trasladado al fin de semana (lo que podía, claro), y eso quiere decir que se me acumulaba todo.
En estos meses hemos sumado un nivel de estrés horroroso, porque ya que había empezado, no lo iba a dejar a medias. Encima, justo antes de los exámenes finales, estuve empollando cosa de un mes. Ustedes dirán, «¡qué exageración, si estabas en primero!». Sí, pero teniendo en cuenta que solo podía estudiar por las noches, muy tarde, o los fines de semana, tampoco son tantas horas.
Mi amigo Oli me dijo el otro día que, según cierto insigne ponente del que ni recuerdo el nombre, la edad ideal para dedicarse a la investigación está entre los 20 y los 30 años. Yo en principio le di la razón, pero pensándolo mejor, quizás la afirmación en el fondo no sea correcta. No soy tan ingenuo como para pensar que tengo el cerebro ahora igual que lo tenía con 20 años, pero el auténtico problema no es ese. El problema es que cuando uno se dedicaba a estudiar, ese era su trabajo, a tiempo completo. Tus esquemas mentales estaban ajustados según ese marco, y optimizados para ello.
Ahora, desde que uno se levanta hasta que se acuesta, tiene un cojón de cosas en la cabeza, de la casa, del trabajo, del papeleo, y qué sé yo. Si a eso sumamos dedicar horas al estudio, se hace difícil.
Ojo, hay gente que, en situaciones mucho peores que la mía, han sacado adelante estudios, contra viento y marea, trabajando como cabrones y sudando lo suyo. Lo mío es una mariconada en comparación, lo sé. Se trata simplemente de que me he dado cuenta de que elegí mal el momento para dedicar mi escaso tiempo libre a otras actividades. No es que no pueda, pero el desequilibrio que produjo esto en nuestras vidas todavía se nota. Porque ese es uno de los problemas. No se trata de mi tiempo. Se trata de nuestro tiempo, el mío, el de Noli y el de la niña.
Eso quiere decir, simple y llanamente, que el año que viene no voy a continuar con los estudios de francés. Eso no quiere decir que los abandone para siempre, pero está claro que primero tendrán que pasar unos cuantos años antes de que me encuentre en condiciones de poder hacer esto sin trastocar mi vida y la de los míos.
He aprendido unas cuantas lecciones valiosas, y eso es lo que importa, en el fondo ![]()
