Alarmas internas
Este domingo estuvimos en una comunión (aaaaah, la famiglia, la famiglia), y como suele pasar cuando escucho a un cura soltar su diatriba sobre lo malos que son los padres que solo llevan a sus hijos a comunión por lo bonito que queda, me puse a fantasear con un grupo de sith entrando a saco en la iglesia y cargándose a todo el mundo, y entonces saltó una de mis alarmas internas.
Claudia no hacía pis hacía bastante rato.
Le pregunté a la niña si quería hacer pis y me dijo que sí, tras lo cual la llevé a la calle para que orinara.
Lo más normal del mundo, dirán ustedes. Pues sí, es normal, pero ya saben que en lo cotidiano se encuentran mis reflexiones más sesudas ![]()
Puestos a pensar sobre ello, me di cuenta de que, desde que nació Claudia, he ido desarrollando una serie de alarmas internas que saltan sin que yo me de cuenta, y lo que es más curioso, incluso cuando no tienen que saltar. Les pondré algunos ejemplos:
- Si Claudia pasa demasiado tiempo sin hacer pis, automáticamente salta mi alarma para que la lleve, por si acaso se orina encima, lo cual se ajusta probablemente a una campana de Gauss, donde tenemos momentos previos (aquí no pasa nada), la cima de la campana (máxima probabilidad de alarma) y la curva descendente (ya se meó). Sí, ya sé que es el ejemplo con el que abrí el artículo, pero esto es como en el 1, 2, 3: hay que repetir la respuesta que da Mayra Gómez-Kemp.
- Si estoy en casa, fregando la loza por ejemplo, y de repente dejo de escuchar a Claudia, automáticamente voy como un tiro a ver qué diablos esté haciendo, porque lo más probable es que sea una trastada de tipo «vamos a meter el reloj de mami en el agua, a ver qué pasa». La niña tiene cierto rejo de experimentadora que no sé de dónde coño habrá sacado
![]:-)](http://www.lacoctelera.com/myfiles/adastra/devil.gif?Expires=1339279200&Signature=AHpxclpBf9oU2hrmdIM72a~HMetaXY86xqSVsK5j~xmUMpWIUrWrqIH-QlfrwVU0V8WGzniLj3zhTgWjvX4YsVPNuzpq1dFOeB-bK8vYOEM7C9nEtBrmHNltHPC8ap7gHuGfqXmQ7dEhTvKCjJs5IExwS8xS67K8S-dclg1u01M_&Key-Pair-Id=APKAJYN3LZI5CG46B7AA&Policy=eyJTdGF0ZW1lbnQiOlt7IlJlc291cmNlIjoiaHR0cDovL2QzZHM0b3k3ZzF3cnFxLmNsb3VkZnJvbnQubmV0L2FkYXN0cmEvbXlmaWxlcy9kZXZpbC5naWYiLCJDb25kaXRpb24iOnsiRGF0ZUxlc3NUaGFuIjp7IkFXUzpFcG9jaFRpbWUiOjEzMzkyNzkyMDB9fX1dfQ__)
- Cuando estamos en la calle y tenemos a la niña suelta (no, no la llevamos con correa, cabrones), la alarma interna se convierte en un rádar posicional, para salir disparado en caso de que la niña tire por una escalera o a una carretera llena de coches. Creo que fue el Peje Verde (¿o fue Euribates?) el que dijo que un niño siempre se las arregla para encontrar cosas potencialmente peligrosas a los cinco segundos de entrar en una habitación aparentemente segura. Claudia no es excepción. Más bien es epítome.
- Tengo una alarma interna de baja prioridad (es decir, que falla de vez en cuando) que evita que diga palabras clave que pueden desencadenar un proceso de negociación arduo y doloroso, como por ejemplo, la palabra «chocolate». El otro día me dio por preguntarle a mi amigo Moi si se iba a embadurnar de chocolate en la talasoterapia (no pregunten), y la niña me dice, más o menos al minuto, «papá, tetete». Me llevó un rato comprender a qué puñetas se refería

- Tengo una alarma interna muy perturbadora que me funciona con niños ajenos, porque con Claudia no me ha pasado nunca. Si veo a un niño llorando en la calle y no veo a ninguna persona mayor interesada en el niño, me quedo clavado en seco, intentando determinar si el niño se ha perdido. Sé que esto es reflejo del miedo atroz a que a mí pudiera pasarme eso con Claudia (yo me «perdí» en unos grandes almacenes cuando era pequeñito y lo pasé putas), pero no deja de ser curioso. Me he dado cuenta de que la mayoría de la gente pasa al lado del niño sin siquiera mirarlo, pero yo me pongo alerta, por si las moscas. Hasta ahora, siempre han sido falsas alarmas.
He ido desarrollando estas alarmas de forma natural, como cualquier otro padre del universo (unos más, otros menos), y lo curioso, es que incluso cuando no estamos con la niña no podemos evitar pensar en lo que estará haciendo, si habrá comido, si se habrá orinado y esas cosas. Y es que parece que una vez que empiezas con esto del oficio de padre, te acompaña para toda la vida, o algo así ![]()
