Cuando yo era más chiquitito, una de mis fantasías recurrentes consistía en viajar en el tiempo, hacia atrás, pero no de cualquier manera, no. Se trataba de viajar a mi propio cuerpo en el pasado, de forma que con, pongamos, 15 años, tuviera el cerebro y los conocimientos que tengo a los 35 años, pongamos por caso.

Que conste que yo también tenía fantasías con tetas y culos, pero no es de eso de lo que hemos venido a hablar aquí.

El argumento no es nuevo, precisamente. Creo recordar haber leído un cuento corto con ese mismo tema en alguna antología de relatos de ciencia ficción.

Déjenme decirles que la mera perspectiva me parece una puta mierda. Lo resumiré en una frase: ¿cómo les sentaría que, con 35 años, su señor padre les diera una bofetada de campeonato?

Porque eso es lo que pasaría. Constantemente.

Veamos por qué. Una noche te vas a la cama tranquilamente, y a la mañana siguiente te despiertas en otra cama, en otra habitación, con una campana de Gauss extremadamente pronunciada en tu pijama a determinada altura.

Tras los momentos iniciales de pánico, reconoces la habitación. ¡Coño, si es la que tenías cuando eras un chaval, en casa de tus padres! Pero algo no cuadra, porque en cuanto saliste de casa, tus padres aprovecharon, a los cinco minutos, para reordenar la habitación y tirar todas las «porquerías» que dejaste atrás (verídico, hoyga).

Sin embargo, ahí están todos tus (pocos) libros en la estantería, tus pósteres en la pared, tu... Tu... ¡Tu ordenador Amstrad PC 1512! ¡Pero coño, que eso ya lo habíamos tirado!

Una terrible sospecha empieza a filtrarse en tu cerebro, así que vas al baño y te miras al espejo.

Horror y condenación. ¿De quién cojones es la cara de ese tío de 83 kilos, llena de granos? ¡¿Y DÓNDE ESTÁ LA CALVA?! ¡Otra vez con el pelo que llega hasta la cintura!

DIOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOS.

Les ahorraré unas cuantas páginas de horror con cosas tan cotidianas y horrorosas como:

  1. Descubrir que, de repente, toda tu vida desde los 15 años en adelante se ha borrado y está solo en tu cerebro. No tienes mujer. No tienes hijos. No tienes curro ni coche ni casa propia. No tienes un puto duro. Y si quieres sexo, a hacerte pajas.
  2. El desayuno con tus padres. Ese horror soterrado. ¿Cómo les explico yo esto ahora...?
  3. ¿Instituto? ¡¿QUÉ INSTITUTO?! ¡Hoyga, que yo tengo una carrera universitaria, cojones!
  4. Perdón, ¿cuántos megahertzios dices que tiene mi ordenador? ¿Cuatro colores en la tarjeta de vídeo de la puta madre de quién?

Cualquier situación que puedan imaginar, cualquiera, por chorra que sea, se convierte en un horror pardo sin paliativos. El shock que tienes al descubrir que 20 años de tu vida son puro humo hace que todo lo demás palidezca en comparación.

Así que olvídense de acordarse de los resultados deportivos de hace 20 años para forrarse en las quinielas. Todo lo más me acuerdo del 12-1 de España-Malta. Además, ¿qué cojones de dinero vas a apostar, si no tienes? ¿La paga semanal?

¿Invertir en bolsa? Perdón, pero eres ME-NOR-DE-E-DAD. No tienes un puto duro en el bolsillo, y los menores de edad no pueden invertir en bolsa.

Ergo: olvídense de hacerse ricos. Vale, quizás cuando lleguen de nuevo a los 18 años quieran invertir en Apple o en Google (si es que Google existe ya), pero por de pronto, va a ser que no. Ah, y eso si llegamos sin suicidarnos de pura angustia a los 18, que son tres añitos más, ¿eh?

Así que ahora empieza el calvario de tu vida: repetir 20 años, a ver qué tal te va. ¿Te sirven los conocimientos que tienes? Pues mira, me da que no mucho. Quizás pueda pasarme el instituto con la punta del pito, pero un cerebro de 35 años no es igual que uno de 15. A los 15 años tenemos más flexibilidad, más despreocupación, un enfoque diferente de la vida. De repente eres un adulto, solo que en el cuerpo de un chaval. Y no puedes ir por ahí haciendo las cosas que hace un adulto. Ni diciéndolas.

Y aquí es donde viene otra parte interesante. Si yo con 15 años me hubiera empezado a comportar como uno de 35, creo que me hubiera llevado más hostias en casa de lo que yo valgo. Porque, ¿qué es eso de subirte a las barbas de tu padre, eh? Que Nyarlathotep nos libre y nos guarde. Si siempre me han percibido como un rebelde, imaginen si encima voy (más) de listillo.

Un horror pardo, les repito.

Otro tema recurrente: ¿corregir los errores del pasado? Eso es un arma de doble filo. Vale, puede que seas capaz de esquivar algunos de los episodios más vergonzosos de tu vida pasada (y yo tengo muchos), pero... ¿No estarás así creando una línea temporal totalmente nueva (sí, yo también veo Lost)? Es más, si por un casual quisieras llegar al mismo punto que en tu «pasado» (estar casado con determinada persona y tener determinados hijos), ¿seguiría eso siendo posible tomando ciertas decisiones en lugar de otras?

Es más, ¿no te daría por estudiar astrofísica en lugar de informática, que es lo que siempre quisiste hacer?

Mierda.

Aunque Yuri no se refería exactamente a lo mismo cuando afirmó que el pasado era una mierda, podemos considerar que la frase se aplica aquí perfectamente.