La extinta gloria de la URSS
Hoy he leído en Público una breve noticia titulada «Los marineros que la URSS abandonó». Pinché en ella porque incluía el acrónimo «URSS». Ya me conocen: todo lo que huela a ruso me pone erecto. De hecho, hace tiempo que quité las fotos de Claudia y Noli de mi cartera para poner una de Vlamidir Putin.

Rusofilias aparte, lo que me he encontrado es muy interesante, y como suele ser habitual, entronca con mi propia experiencia (si no, no estaría escribiendo esto
).
La noticia nos habla de un documental, titulado Anclados, que se estrena mañana mismo. Y el tema del documental me toca de cerca: trata de los buques abandonados de la flota pesquera soviética que se encuentran en el Puerto de la Luz y de Las Palmas.
¡Coño, si yo he visto esos barcos!
Cuando trabajaba en el puerto, hace unos años, recuerdo que me contaron que había un montón de buques semiabandonados en el muelle Reina Sofía. Estos buques formaban parte de la antigua flota pesquera de la Unión Soviética, y la mayoría estaban atracados de forma permanente en el dique porque sus armadores se habían desentendido de ellos, dejando a sus tripulaciones, literalmente, con el culo al aire.
Privados de papeles en regla, en muchos casos, y con apenas medios para subsistir, los marineros soviéticos hicieron, en muchos casos, lo único que podían hacer: quedarse en los barcos.
Al principio pensé que esa era una leyenda portuaria, pero tuve ocasión de verlo con mis propios ojos. Este álbum contiene fotos del 2005 que tomé justamente en el dique Reina Sofía.
Para más inri, ¡estos son los barcos de los que habla el documental! El barco que queda fuera de encuadre se llama Gemini, aunque no se vea mucho.

Rebuscando un poco he encontrado un artículo mucho más extenso publicado en El País, firmado por la propia Carlota Nelson, la autora del documental. El artículo va acompañado de unas cuantas fotos muy buenas de los buques abarloados en el Reina Sofía.
Si a alguien se le ocurre preguntarse por qué los tripulantes no han vuelto a sus países de origen, les recomiendo que echen un vistazo al artículo de El País. Hay historias de lo más interesante.
Recuerdo que cuando fui al dique a sacar fotos iba un poco acojonado. Los marineros me miraban con una mezcla de hastío y desconfianza. Incluso recuerdo que estaban enfrascados jugando al ajedrez, como menciona el artículo.
Eso sí, lo que nunca hubiera imaginado es que detrás de aquellos cascarones oxidados y de aquellas miradas recelosas pudieran ocultarse esas historias. De repente me apetece, y mucho, volver allí a sacar fotos, con otra mirada.
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