10.03
Estos son los datos mensurables:
- 10.04 kilómetros.
- 36 minutos 25 segundos.
- 16.5 km/h de velocidad media.
- 30 km/h de velocidad máxima.
- 116.6 calorías quemadas.
Ahora vamos con los datos no mensurables, que son los más interesantes, por poco científico que suene.
- Tengo un dolor en la rabadilla de tres pares de cojones.
- Estoy en muy baja forma, aunque eso no es noticia.
- ¿Dónde diablos está mi coordinación? ¡Que alguien me la devuelva!
Ya se podrán imaginar por dónde van los tiros (sobre todo por lo de la rabadilla). Hoy, después de 15 años (o más) sin tocar una bicicleta, he vuelto a subirme en una. Y al margen de los números, que serán mejores o peores, lo importante son las sensaciones.
Creo que durante los 10 kilómetros de travesía, el pensamiento que más ha acudido a mi cabeza ha sido el de «joder, pareces un pato mareado». Muchos años sin tocar bici, y eso se nota. Pero aún así, podemos considerar que esto es perfectamente normal. Falta de práctica, simplemente.
Lo que más me chocó, fue mi concentración total. Y eso es malo. Verán, cuando yo era un chaval y empecé con mi flamante mountain bike (antes no decíamos BTT; eso era de maricones), no tardé nada en hacerme con ella. Salía y me pegaba recorridos curiosos de 20 ó 30 kilómetros, viendo mundo, más solo que la una (el motivo por el que iba solo daría para una serie completa de historias). Triscaba por los montes, hacía el cabra, y en general la bici y yo éramos uno.
Ahora me he pasado el rato calculando ángulos y velocidades, intentando racionalizar los cambios de marchas, acojonado por lo que podrían hacer los conductores de coches, y así con un millón de detalles procesados en pseudoparalelismo.
No solo es falta de práctica. Es un intento de racionalizar todo lo que hago. ¿Dónde está aquella despreocupación, aquella integración con la bici, aquel «coge la bici y tira p'alante»?
Pero no quiero quejarme, aunque lo parezca. Me limito a constatar un hecho. Es probable que dentro de unas semanas, cuando me haya hecho de nuevo a la bici, me ría de lo que estoy escribiendo hoy, pero eh, hoyga, que uno tiene que alimentar este maltrecho blog ![]()
No sé si serán las preocupaciones y responsabilidades del día a día, tanto laborales como familiares, pero me he descubierto incapaz de estar encima de la bici sin calcular nada. También es verdad que hay dos factores que influyen mucho, aparte de mi propia oxidación:
- Cuando yo empecé a coger la bici, no tenía carné de conducir, así que podemos decir que hasta cierto punto era ignorante de las putadas habituales en carretera, y más contra los ciclistas.
- Que yo recuerde, nunca salí de noche con mi bici. Alguna vez se me hizo tarde, pero no tanto como para no ver la carretera. Y a pesar de que he ido por zonas iluminadas y tal, realmente no me gusta nada la sensación de circular de noche con la bici.
Claro que, a lo mejor este es otro absurdo intento de racionalización por mi parte ![]()
A partir de ahora toca entrenarse para coger fondo y hacer lo que, en definitiva, es el objetivo que perseguía al comprar la bici: hacer rutas por los senderos de cabra de la isla, que hay muchos. Mi hermano está más acostumbrado que yo, así que tenemos previstas un par de rutas suaves para ir abriendo boca, aunque lo que él califica como «suave» será más que suficiente para que yo expulse los pulmones por el ano tras la primera cuesta.
Pero qué coño, ¿quién dijo miedo?
!-->
