Hay historias que sirven de penitencia
Si yo no he perdido más amigos con el paso de los años, ha sido porque tienen conmigo más paciencia que santos. Si no, no se explica.
Les pondré en situación. A principios de septiembre del año pasado me dieron una de las mayores sorpresas de toda mi puñetera vida. Dejaré que, como reza el dicho, las imágenes demuestren que tienen muchos más bytes que las palabras.
Bien, ya saben qué cara pongo cuando me encuentro a algo (más bien a alguien) tan completamente ortogonal a mi experiencia cotidiana que mi cerebro casi produce un core dump del susto.
El cabronazo de mi hermano (te la debo, tío
) me llamó un par de días antes diciéndome que tenía una sorpresa para mí, y que me la iba a dar en el centro comercial que está cerca de mi casa, por la noche. Yo estaba pasando una época bastante mala, pero qué cojones, ¿a quién le amarga un buen culo una buena sorpresa? Así que, después de salir una noche del trabajo, allá que me fui.
Llego, y veo a mi hermano. Voy hacia donde está él, y me dice que me dé la vuelta.
Me doy la vuelta.
Veo a dos perfectos desconocidos acercándose a mí, móvil en mano, descojonados.
Dos perfectos desconocidos.
Dos perf... Pero qué coño...
¡COÑO!
No hace falta que les diga cuánto tardé en darme cuenta de quiénes eran esas personas. Ya lo pueden ver en el vídeo. Cuando hayan acabado de des[cojonarse|ovariarse], seguimos.
Ya. La sorpresa era, nada más y nada menos, que mi querida Miss Calamar, y el inimitable Blat.
JODER.
Habían venido de vacaciones a Gran Canaria. Entre otras cosas, Miss Calamar quería conocer al calvo de mierda con el que tanto había hablado por correo y Google Talk. Yo no me lo podía ni creer.
Aprovechamos para intentar ponernos al día con todo lo que se nos pasaba por la cabeza. Lo que está claro es que conversación no nos faltó. No iban a estar mucho tiempo por la isla, y además se quedaban bastante lejos de donde yo vivo (para los estándares Canarios, claro), pero quedamos en vernos al menos una vez antes de que se fueran.
Y nos vimos, en Las Palmas, un día tan caluroso como suelen ser los días de principio de septiembre, con agosto mordiéndonos el culo para que no nos olvidemos de que todavía nos queda sudor que expulsar.
Tanto ella como yo nos liamos a hacer fotos del evento (por cierto, este es el álbum de fotos que hizo durante el viaje), pero, increíblemente, ¡no nos sacamos ninguna foto juntos! (tengo planes para remediar eso, dicho sea de paso
). Solo nos dimos cuenta cuando ella ya se había ido de la isla ![]()
Si se fijaron en la fecha, llevo seis meses con estas fotos pendientes de retocar, y con la historia pendiente de escribir. Una mezcla de desidia, falta de tiempo y falta de ánimos ha influido en todo eso, aunque maldita la excusa. Tenía que haber publicado esta historia mucho, pero que mucho antes.
No sé si este es el momento más apropiado para publicar la historia o no. Ella está pasando una mala racha, y ya me gustaría a mí poder estar con ella para ayudarla. Pero, como me pidió por correo, aquí va la historia, tal cual la concebí en su momento.
Te echo de menos, chiquilla. No creo que esta historia pueda saldar la deuda que tengo contigo, pero es lo menos que puedo hacer ![]()












