Nosotros, vulgares unidades basadas en el carbono con supuesta capacidad de raciocinio, percibimos el tiempo como un continuo que solo camina en una dirección (y que me perdone Stephen Hawking con sus elucubraciones sobre la entropía y la flecha del tiempo). Sin embargo, somos gente discreta, en el sentido matemático de la palabra. Nos gusta dividir el tiempo en fragmentos que podemos medir. Controlar no, a menos que seas Hiro Nakamura, claro. Pero Hiro merece morir mil muertes dolorosas, en realidad.

Cuando llega el último día del año, nos apresuramos a completar nuestras listas de propósitos, a mandar los últimos mensajes a los amigos, a cerrar mil y un asuntos, porque, oh my frakkin' god, se nos acaba el tiempo.

Es como si algún dios loco jugara a reiniciar los relojes cada 31 de diciembre por la noche. Como si renaciéramos cada 1 de enero, con nueva piel, nueva mirada preternatural.

Sería un poco estúpido por mi parte criticar eso. Por algo están ustedes leyendo precisamente esto que he escrito el último día del año, siguiendo una tradición que empecé sin saber que estaba empezando, y seguí sin tener muy claro si seguiría. Pero ya saben cómo se construye este blog: con mucha improvisación y pocas, muy pocas reglas fijas. Esta quizás sea una de ellas.

Recapitular y hacer balance del año que termina es algo bastante propio de estas fechas. Escribamos acerca de nuestros pecados, de nuestros deseos frustrados, de nuestros anhelos inalcanzados. Porque de lo bueno no solemos hablar, como si estuviéramos constantemente metidos en una suerte de melaza que no nos deja ver nada más allá de nuestras narices.

Por eso no me voy a quejar en esta historia. Pero lo que sí haré, es acordarme con cariño de mis amigos de la Comunidad del Membrillo™ (el buen doctor, Naranjita, Never, Ricardo, Moi, Isra, Oli, mi hermano, Vicky y Ana). También le daré las gracias a Noli y a Claudia por poner en mi vida la luz. Ellas saben que yo estoy compuesto de muchas sombras, pero las sombras se retiran si la luz es lo suficientemente potente.

Y como el tiempo es un continuo, solo diré que este año 2010 seguiré soltando lastre, librándome de las cosas que me llevan al fondo (gracias por aquel consejo que me diste hace mucho tiempo, Oli).

Y al 2009 que le den por culo. Hasta el fondo. Hasta la bola.

SO SAY WE ALL AND MUY LIFE FOR AIUR!

PS Curioso. Es la única historia de fin de año en la que no me he puesto a recapitular sobre el blog ]:-)

PPS Ah, se me olvidaban los enlaces a las historias de los años precedentes: 2008, 2007, 2006, 2005.