Sabores ortogonales
Esta mañana íbamos Noli y yo en el coche hablando de comida. Ponerse a hablar de comida a las 7:15 de la mañana tiene su aquello, no crean, sobre todo cuando no has desayunado mucho que digamos (lo sé, lo sé, eso está mal; ya me flagelaré con una rama de avellano).
En particular nos hemos puesto a hablar de un restaurante italiano al que nos hemos aficcionado, La Focaccia, en la calle Fondos de Segura de Las Palmas de Gran Canaria. Suelo comer allí porque tienen menú del día, y la comida está cojonuda.
Salvo por un detalle: el perejil.
Sospecho que el cocinero es émulo de Arguiñano, porque le echa perejil picado a todo: macarrones, ensaladas, TODO. No es que el perejil me parezca intrínsecamente malo, pero nunca he soportado su sabor, sobre todo porque mis padres solían hacerme de pequeño tortilla francesa con toneladas de perejil. Lo odiaba.
Noli me dijo que no veía el problema con el perejil, y yo le contesté que el perejil tiene un sabor disruptivo.
Cuando Noli se queda mirandome con los brazos cruzados y esos adorables morritos que tiene fruncidos, más me vale dar explicaciones.
Me quedé pensando un momento. «Vaya, ¿cómo se lo explico? ¡Ya sé!».
Entonces le dije a Noli que el perejil tiene un sabor ortogonal. Eso provocó una lluvia de tortazos en mi cogote, con el consiguiente riesgo de accidente de tráfico, por supuesto.
Verán, cuando comes un trozo del tronco del perejil, sea lo que sea lo que te estés comiendo, de repente notas en tu boca una explosión de sabor perejiliento. Eso puede ser bueno o malo, según se mire. Por ejemplo, el genjibre también tiene un sabor ortogonal, porque cuando te lo comes, todo te sabe de repente a Fairy de limón. Pero es lo que se espera del genjibre (es lo que yo llamo también el «botón de reset del sabor»). Sin embargo, ¿cuál es el objetivo de echarle perejil a una rica ensalada de col, endibias, manzana, zanahoria, pasas y salsa de mostaza, por el amor de un Cthonian en celo? No necesito que nadie me reinicie las papilas gustativas, que ya estaba disfrutando de la ensalada, gracias.
Me daré por satisfecho si cada vez que comen algo de perejil en lo sucesivo se acuerdan de la palabra «ortogonal» y gritan pidiéndome que salga de sus cabezas.
!-->



Perplejita Me Hallo dijo
Cualquier argentino encontraría tus explicaciones de lo más ilustrativas, porque, en efecto, el perejil sabe ortogonal, es decir, sabe a "orto".
Los años 80 fueron una década dura en casa, debido al desnivel entre los ingresos y la exigencia de los gastos, y recuerdo aquella profusión perejilera en las tortillas como la manera de autoengañarnos y decirnos que la tortilla llevaba algo más que huevos y unas papas aleatorias. Conforme nuestra situación económica nos fue permitiendo respirar, el contenido en perejil descendió a favor de otros y más sabrosos aditamentos, como el chorizo (tuvo una breve época de éxito, hasta que don colesterol se coló en las vidas y venas de mis hermanos) o las salchichitas picadas. En la actualidad, hemos ido arrinconando las tortillas, pero cuando las hay, la presencia del perejil es meramente anecdótica.
10 Noviembre 2009 | 11:55 AM