Hay ocasiones en las que me pregunto si uno vive rodeado de seres humanos o de cajas registradoras con patas, porque si no, hay cosas que no se entienden.

Mi amiga Naranjita acaba de pasarle a su grey un enlace a una noticia de El País en la que cuentan cómo Sanitas ha echado a un señor de un quirófano por un recibo impagado. Así, como lo oyen.

Hombre, no es que crea que el Juramento Hipocrático tenga que ser llevado a rajatabla (léanlo para que se espanten un poco), pero la primera obligación de un médico es sanar, y todas las demás consideraciones tienen que quedar aparcadas hasta nueva orden.

En este drama hay varios actores, pero los que nos interesan a nosotros son dos: el equipo médico de la clínica Vissum que estaba a punto de operar y Sanitas (y no me sale de los cojones poner enlaces). Entre ambos han hecho que una persona a punto de operarse (con los nervios que eso conlleva), tuviera que salir del quirófano por un puto recibo. Será que uno es ingenuo, pero está claro qué es lo principal para estos desgraciados: primero, cobrar. Después ya operamos si eso.

El artículo se centra en Sanitas, los cuales han actuado como unos usureros... Lo cual es comprensible hasta cierto punto (aunque no disculpable), pero no carga las tintas contra los médicos de Vissum. No sé, digo yo que podrían haber dado un puñetazo en la mesa, haber mandado al carajo a los de Sanitas y haber operado al hombre igualmente. Cumpliendo con su deber, vamos.

Argh, cuando leo cosas de estas me sale una vesícula nueva para generar bilis.