Margullando otra vez
En la historia sobre el pseudotirón de mi hermano les he comentado que soy mal nadador. En parte se debe a que soy un torpe de tres pares de cojones, y en parte se debe a que, cuando era pequeño, tuve unos instructores de natación que, por lo que yo sé, militaban en las Hitlerjugend. Pensaron que la mejor forma de enseñar a un niño que le tenía un miedo cerval al agua era tirarlo en la parte honda de la piscina para que aprendiera a salir por sus medios. Claro, cuando intentando salir arrastré al fondo a una niña más pequeña que yo, el tener una hilera de madres cabreadas llamándome monstruo no contribuyó precisamente a que me entraran ganas de volver.
Por eso a mis amigos (y a mí) les resulta sorprendente el gustillo que le estoy cogiendo a esto de margullar en Las Canteras (y ya tenemos previsto ir a algún sitio más, quizás a Sardina del Norte, cuando estemos más rodados). Mi hermano ya ha ido cuatro veces, y yo dos.
Estas son las fotos de la segunda vez que fui yo. El día estaba frío de narices (bueno, no tanto, pero cuando te metes en el agua, los testículos se te quedan reducidos a un punto en el sentido matemático de la expresión). Además, se puso a llover, por lo que tuvimos que meternos en el agua para no mojarnos.
Como siempre, hicimos unas cuantas fotos entre todos. Las mías son fáciles de reconocer, porque me gusta fotografiar a la gente haciendo el payaso. Sin plomos y con el neopreno puesto flotaba como un corcho, y me costaba un poco fotografiar a los bichos no mamíferos que pululaban por allí.
Ah, para mí la mejor foto es la de la caracola que sacó mi hermano. El jodío tiene ojo para esto de fotografiar fauna ![]()














