Bandas reductoras asesinas
Si yo fuera Luis Piedrahíta, empezaría diciendo así: hoy vamos a hablar de unas pequeñas hijas de puta, nuestras amigas las bandas reductoras de velocidad.
Como no soy Luis Piedrahíta, directamente me ciscaré en los muertos de los que planificaron las bandas reductoras en la zona de Lomo Espino, municipio de Santa Brígida, Gran Canaria, España y amén.
Sé que nuestra raza no sigue los dictados de la lógica, lo cual puede ser tremendamente maravilloso o terriblemente porculizante, según se mire. Este caso es porculizante.
Todos ustedes saben lo que son las bandas reductoras de velocidad, aquí en Gran Canaria conocidas como guardias muertos, sospecho que fruto del amor hacia la Benemérita, pero eso es algo en lo que yo no me meto
Se supone que esas bandas reductoras sirven para que los conductores que van haciendo el cafre a 100 km/h en una zona de 40 km/h, adecuen su velocidad a lo estipulado en la vía.
Sin embargo, algo falla cuando, en una zona de 40 km/h, tienes que tomar las bandas reductoras a 10 km/h como mucho, so pena de dejar el eje atrás o algo peor. Entonces no estamos hablando de una banda reductora, estamos hablando del puto Karakorum en medio de la carretera, y yo sin mi equipo de escalada.
Pero entre las bandas reductoras hay clases, como en la vida real o el World of Warcraft. Por un lado tenemos las típicas bandas de material sintético que van atornilladas a la carretera, y que duran menos que un culito virgen en la sala de máquinas de un buque ruso de altamar. Es normal encontrarse con que, oh qué casualidad, alguien ha desatornillado los segmentos por los que justamente pasan las ruedas del coche. Vaya, qué cosas.
Eso, amigos y vecinos, es ilegal, como todos ustedes, lectores de afilado intelecto, habrán supuesto. Sin embargo, para luchar con una ilegalidad no se puede usar otra, ¿verdad? Pues eso es lo que me da que hicieron en la mencionada carretera de Lomo Espino, o al menos eso creo.
Hace unos meses, la autoridad (in)competente (no sé si el Ayuntamiento de Santa Brígida o el Cabildo de Gran Canaria), puso unas bandas reductoras dobles de hormigón a lo largo de un tramo relativamente pequeño de carretera. Creo recordar que habían tres grupos, aunque posiblemente fueran cuatro.
Las bandas eran tan altas, que tenías que cogerlas en primera, deteniendo completamente el coche. Como se te ocurriera coger las bandas a, pongamos, 20 km/h (recordemos que la zona está limitada a 40 km/h), te cargabas el coche, literalmente.
Eso atenta no solo contra el sentido común, sino contra la legalidad vigente. Y no lo digo yo, lo dice la ORDEN FOM/3053/2008, de 23 de septiembre, por la que se aprueba la Instrucción Técnica para la instalación de reductores de velocidad y bandas transversales de alerta en carreteras de la Red de Carreteras del Estado.
Para que se hagan una idea, estos son los parámetros en los que debe moverse una banda reductora de velocidad:

Les puedo asegurar que estas bandas, si no eran verticales en su flanco de ataque, poco les faltaba. Y hablo en pasado porque este fin de semana me llevé una agradable sorpresa: ¡habían quitado las bandas reductoras! Pulverizadas hasta el tuétano. Solo se sabe dónde están por el pavimento de distinto color. Todavía me pregunto su fue un vecino cabreado con martillo neumático o una denuncia bien puesta que obligó a la autoridad (in)competente a quitarlas.
Así que ya saben, si se encuentran con una banda reductora con tufillo a ilegal, cojan la cinta métrica, el transportador de ángulos, y midan, midan, que tienen parámetros definidos con los que comparar.
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