Citius, altius, fortius
Más rápido, más alto, más fuerte.
Eso es lo que quiere decir la cita latina que da título a la historia, lema oficial de los juegos olímpicos. Solo que antaño la cita se aplicaba al Hombre (entendiéndose la forma neutra y general del sustantivo), y ahora se aplica a la Tecnología (las mayúsculas son gratis en este caso).
Hace un rato mi amigüito el Doctor π ha enviado un correo con la foto de la ganadora de los 800 metros femeninos en el mundial de Berlín.

Un momento... ¿Femenino? Pues sí, ya ven ustedes. Solo que, con todos los respetos, Caster Semenya no parece una chica. Y no se trata de ella sola. Observen a cualquier atleta de gimnasia rítmica. ¿Dónde están las tetas, dios mío?
Pero no era para meterme con la ausencia de rasgos femeninos en algunas atletas por lo que escribo esta historia. La foto que me ha mandado el buen doctor me ha recordado un artículo que leí el otro día en El País con un título muy revelador: La natación ya no es de los nadadores. Y eso lo dijo Paul Biedermann, el alemán que hace poco pulverizó en Roma el récord del mundo de Michael Phelps.
Si leen atentamente el artículo notarán algo desazonador. Antaño, los nadadores se tiraban a la piscina con un slip, a lo sumo. Hogaño, llevan bañadores de cuerpo entero diseñados con la última tecnología para reducir la fricción e incluso, en el colmo, que el nadador salga del agua más seco que un polvorón de Estepona.
Hace mucho tiempo que considero los juegos olímpicos una suerte de payasada, un escaparate para mostrar los logotipos de patrocinadores y probar las últimas tecnologías aplicadas al deporte. Como siempre digo, si por mí fuera, los nadadores (por poner un ejemplo), se tirarían a la piscina en pelotas. Pero claro, luego llegan compañías como Speedo recordándole al COI la cantidad ingente de dinero que se mueve en esos eventos y blau blau.
No me malinterpreten... No es que desprecie el deporte, y mucho menos a los deportistas, que se sacrifican un día sí y otro también para ser un poco más rápidos, llegar un poco más alto, ser un poco más fuertes. Lo que me quema es que el esfuerzo humano, su esfuerzo, se diluye cada vez más en una amalgama de tecnología que se carga la frontera entre el puro esfuerzo del deportista y las décimas que puede arañar gracias a su no-sé-qué de ultimísima tecnología. Y quien habla de tecnología, habla de hormonas legales que se le inyectan a las gimnastas para retrasar su crecimiento y conseguir cuerpos totalmente andróginos.
Y no me digan que todos cuentan con la misma tecnología y, por lo tanto, con las mismas oportunidades. Eso se lo dicen a Phelps, a ver si los de Speedo pueden hacerle algo de espionaje industrial a Jaked y conseguir la fórmula de cosido de poliuretano de sus bañadores.
Ah, al discusión sobre si la F1 es un deporte, la dejamos para otro día ![]()
