Enseñar a bestezuelas prepúberes a base de Terror (así, con mayúsculas) es, cuando menos discutible.

Ah, inciso para Reena, que si no se sofoca: sí, sé que he repetido la palabra «bestezuela» en dos historias casi seguidas. Es que me gusta la palabra. Fin de inciso ]:-)

Hace escasos segundos estaba hablando por el Gtalk interno con un compañero de trabajo acerca de unos diseños que estoy documentando. Después de mucho hablar, le pregunté si la forma en que estaba describiendo los diseños le parecía correcta, y su respuesta fue «no se entiende bien» XD

Evidentemente lo que quería decir era «no, se entiende bien», no porque yo sea especialmente bueno (que lo soy), sino porque la frase sin la coma suponía una forma un tanto rebuscada de llamarme manco.

Este pequeño episodio de jolgorio y tensión sexual en la empresa me ha recordado el porqué de la frase con la que he abierto la historia. Cuando yo estaba en el instituto, teníamos un profesor de literatura que era todo un caballero, muy culto y muy digno. Siempre he dicho que este tipo de personas podrían ser violadores de perros en su vida privada, pero hoyga, se conducen muy dignamente en público.

El caso es que estaba corrigiendo unas redacciones absolutamente plagadas de flatulencias mentales cuando el hombre quiso contarnos una pequeña anécdota sobre el correcto uso de las comas.

Érase una vez un condenado a la horca que esperaba en el patíbulo la ejecución de su condena. El verdugo, refocilándose ante la posibilidad de recoger algo de mandrágora debajo del ahorcado, esperaba pacientemente a recibir la nota del gobernador que podía conmutar o confirmar la sentencia del pobre desgraciado (en mi fuero interno imaginé que habría robado o violado a un par de gallinas).

El gobernador, bestezuela prepúber en su juventud, no había disfrutado de los doctos consejos de mi profesor de literatura, cosa difícil a menos que el tío hubiera vivido 400 años, así que escribió una nota de perdón, considerando que violar gallinitas tampoco era tan malo. ¿A quién le amarga un buen culo?

La nota ponía simplemente:

No tiene perdón.

Cuando el verdugo recibió la nota, solo atinó a gruñir debido a su oscura delectación, saboreando ya las mandrágoras que le darían el poder sexual para... Bueno, esa es otra historia que no tiene nada que ver. El caso es que el pobre gilipollas desgraciado fue ahorcado porque, hamijos, el gobernador era una bestezuela inculta que no supo escribir una coma en su lugar correcto.

Evidentemente, a pesar del error, a nadie le importó un cojón de rinopiteco. Suponemos que al pobre que estaba en el cadalso si le hubiera importado, pero la disquisición es completamente académica, ya que estaba muerto.

Moraleja: las gallinitas ultrajadas obtienen siempre su venganza. SIEMPRE.

Ni que decir tiene que el hombre este no contó la historia de esta manera, faltaría más. Los detalles los ponía mi imaginación enferma a medida que el hombre hablaba, pero no me jodan, coincidirán conmigo en que así está mucho mejor, ¿no? Apuesto mi calva a que incluso han imaginado la sedosa textura de las plumas de las gallinitas ultrajadas.