Soledad, estrellas y muchos minutos por delante
Hay actividades de grupo en las que uno puede desconectar. De hecho, puedes llegar a estar solo, aunque estés acompañado.
El otro día me llamó Rafa Monge para ir el sábado al norte con él y Yeyo a sacar fotos nocturnas, como ya hicimos una vez.
Para que se hagan una idea, yo vivo en el sureste de la isla, y Agaete, donde íbamos, está en el extremo noroeste de la isla. Y como tiene uno que ir bordeando la isla para llegar, era como hora y media de camino en coche, más o menos. Menudas ganas las mías.
Pero no es que me importara mucho, porque llevaba unos cuantos días encerrado en casa por culpa del maldito calor que hemos venido padeciendo en las islas. El día antes la temperatura había llegado a unos agradables 46º en la zona sur. Estuve tentado de pedir unos ojos de cristal por internet, porque con el aire caliente podrían sustituir tranquilamente a mis ojos orgánicos de toda la vida.
Pues allá nos plantamos, en una calita que está justo al lado de Agaete, pero bien oculta y resguardada para que la luz de la vecina Agaete no nos jodiera la observación. El lugar tenía su enjundia, porque para llegar había que bajar por unas escaleras bastante largas que horadaban el barranco hasta llegar a la cala. Vean por dónde anda la calita, vean.
Sacar fotos nocturnas tiene cierto encanto. Es una actividad pausada, porque las fotos son de larga exposición, a veces de ocho o nueve minutos (casi todas las fotos que saqué eran de 8 minutos). En ese tiempo, no tienes nada que hacer excepto mirar al horizonte y procurar que una ráfaga traicionera de viento no te tire el trípode al suelo.
Son minutos especiales. A pesar de que estaba acompañado por esos dos cafres, hubo momentos en los que estábamos los tres sentados en la misma cornisa, sin hablar, esperando que pasaran los minutos para ver el resultado de los encuadres que hacíamos poco menos que a ciegas. Encima, a pesar de que estaba el tiempo fresquito desde Telde hasta Gáldar (y esos son muchos kilómetros), justamente en Agaete había aire caliente para recalentarnos los sesos.
Pero daba igual. Allí estábamos los tres, en silencio a veces, hablando a veces, tirados mirando a las estrellas. Como les he dicho, este tipo de fotografía te permite dejar volar la mente excepto en el par de minutos en que te mueves y cambias el encuadre para comenzar una nueva toma.
Y me dejo de rollos
Aquí están las tres fotos que he rescatado de la sesión.
PS Sé que tengo que poner una historia explicando la forma en que he hecho esas fotos... Lo que pasa es que soy un vago sin remedio, y hace tiempo que me da mucha pereza escribir historias elaboradas ![]()



