La vida contemplativa es algo a lo que el ser humano siempre ha aspirado, desde el monje de clausura que piensa en lozanos culos de jovenes prepúberes para meditar hasta la bestezuela joven que se sienta en clase mirando al infinito mientras piensa en lozanos culos de jóvenes prepúberes para evadirse.

Ahora que lo pienso, es posible que haya un patrón ahí. No sé.

Cuando yo me pongo en modo contemplativo, me tiro al monte a hacer fotos mientras observo culos, pero no son lozanos ni de prepúberes, sino que son peludos y fláccidos. Es lo que tiene salir con gente que roza la cuarentena y tiene bigote en lugar de con quinceañeras. Pero claro, uno tiene una reputación que mantener. Mala, pero reputación al fin y al cabo.

Hace unas semanas fuimos al campamento del Garañón, en la cumbre de Gran Canaria, a probar mi nuevo intervalómetro, un Phottix TR-90 N6. La quedada fue curiosa, porque en realidad el único que iba a hacer algo de provecho era yo. Los demás iban de sanguijuelas, para comer y beber como cerdos, cosa que cumplieron puntualmente.

Teniendo en cuenta que dejé la cámara sacando fotos durante tres horas y pico (desde las 19:47 hasta las 23:18), en realidad yo también me puse a comer y beber como un cerdo, ya que poco tenía que hacer salvo esperar. Para eso sirven los intervalómetros, cristiano, para no tener que estar uno dándole al botoncito. ¡KIAAAAAAAAAAGH!

Al montar el vídeo del time lapse me he dado cuenta de un par de cosas, como por ejemplo, que sacar la primera parte de la sesión en modo prioridad a la abertura apertura fue una mala idea, porque no me preocupé de fijar la medición de la luz, y por eso hay destellos raros. Se nota la diferencia cuando cambié a modo manual (y, por cierto, tuve que cambiarle la batería a la cámara en medio de la sesión).

En total fueron 505 fotos, sin retocar, que conforman un vídeo de 20 segundos. Ya iré mejorando la técnica con el tiempo ;) Aquí lo tienen (es mejor verlo en alta definición para el final).