Bueno, a mí no, en realidad. No siempre, al menos.

Ejem.

Sé que más de la mitad de mis lectores, cada vez que ve aparecer la palabra «videojuego» en una de mis historias, ejecuta estas dos acciones de forma secuencial:

  1. Cagarse en mis ancestros.
  2. Cerrar la pestaña del navegador (si usas un navegador sin pestañas, mereces que te arranquen las tuyas; qué coño, no mereces vivir).

Encuentro este comportamiento absolutamente lógico y saludable, pero les pediré que sean indulgentes conmigo. Solo una vez. Lo prometo.

Lean lo que pasa cuando te dedicas a jugar al World of Warcraft en pelotas mientras te fumas un cigarrillo liado a mano.

Voy a tener que desincrustar la imagen que he conjurado en mi mente al leer la historia, a base de hostias contra la pared.