Si la estupidez suprema provocara muertes instantáneas...
Ratzinger hubiera caído fulminado nada más decir la gilipollez que ha dicho sobre los condones y el SIDA.
El otro día lo estaba comentando con Noli: los únicos religiosos a los que tolero son los misioneros, porque en cierta forma, ellos representan el ideal más puro (junto con los voluntarios de las ONG) de desprendimiento y altruismo. Por lo demás, odio profundamente (sí, odio) a todos los curas y demás pájaros con sotana o similar. No los soporto. Una vez mandé a tomar por culo (educadamente, pero a tomar por culo, a fin de cuentas) a un cura de pueblo que creía que, por el mero hecho de ser cura, tenía derecho a preguntarme cosas de mi vida privada. La Iglesia Católica representa uno de los pináculos de la hipocresía de nuestra sociedad, y su mensaje está tan trasnochado y es tan absurdo que me provoca arcadas cada vez que lo oigo.
Leyendo el blog de Ramón Lobo (háganse un favor y léanlo), caí en un artículo titulado El Papa, África y el condón que tiene una frase que ilustra a la perfección lo que digo:
He visto a misioneros y misioneras ejemplares repartir preservativos en hospitales y dar misas en lugares que si existiera dios se aparecería cada día porque allí no basta con un milagro. Recuerdo a una monja en un centro clínico de Ruanda. Le regañé entre bromas. «Madre; no sabe que el Vaticano tiene prohibido el condón». Tras mirarme como si fuera un extraterrestre, replicó: «El 5º Mandamiento dice No matarás, y esto aquí es una cuestión de vida y muerte». Cuando intenté seguir, me cortó posando su mano sobre la mía: «Si tengo que elegir entre el Vaticano y Dios yo ya he hecho mi elección».
Así que sospecho que cuanto más arriba en la curia, mayor es tu síndrome de sustitución de la realidad. El Doctor π ya lo ha comentado, así que solo me resta añadir esta tira cómica de Mel, que vi en el blog de Nacho Escolar.

La tira es tan genial y rebosa tanto sentido común que no precisa más comentarios.
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