Hay algo peor que decir «miembros y miembras»
O casi.
En estos tiempos que corren, la corrección política, o lo que es lo mismo, la hipocresía disfrazada de buenas maneras, cotiza en bolsa. Y cotiza en alza, hoyga.
Verán, el machismo me toca mucho los cojones, pero el feminismo también, qué quieren que les diga. No soy de los que piensan que andar diciendo todo el rato «alumnos y alumnas», «blogueros y blogueras», «calvos y calvas» contribuya a la igualdad de nadie. Más bien contribuye al incremento de la estupidez per cápita, máxime cuando en nuestro idioma, la forma masculina de los sustantivos actúa también como elemento neutro. Y sí, ya sé que eso se redactó en tiempos de dominación masculina. Pero qué quieren que les diga, para mí que el respeto no empieza precisamente por las formas, sino por el fondo.
El caso es que el viernes estaba en una reunión con clientes de una de las consejerías del Gobierno de Canarias, y uno de los interlocutores, así como de cachondeo, mencionó que yo había escrito todas las referencias a los altos cargos en masculino (por ejemplo «Consejero de no-sé-qué»), cuando el cargo lo ostentaba una mujer. Le dije que lo hice de forma consciente, porque usaba la forma neutral del castellano, y porque el cargo podía ostentarlo mañana un hombre, con lo cual el documento no perdía validez.
Medio descojonado me dijo:
No, no, no. Hombre, ¿no has leído la guía de estilo para documentación institucional del Gobierno de Canarias?
Creo que todavía están arreglando el desconchón del techo que produjo mi ceja derecha al salir disparada hacia las alturas.
El caso es que este buen hombre fue a buscar un libraco, editado por el Instituto Canario de la Mujer, llamado Orientaciones sobre el uso no sexista del lenguaje administrativo.
Por ejemplo, en un documento oficial no puedo emplear la expresión «administradores del sistema». En su lugar tengo que utilizar una forma neutra, como «personal de administración del sistema». No puedo usar expresiones del tipo «los ancianos», sino que tengo que decir «las personas mayores». Es decir, debo despojar cualquier expresión del más leve atisbo de género, para que nadie se sienta ofendido.
Gilipolleces.
A lo mejor alguien se ofende leyendo esta historia, pero me la trae al pairo. El respeto a las mujeres no tiene nada que ver con el uso del lenguaje cotidiano (y no me estoy refiriendo a chistes sexistas). El respeto empieza en las actitudes, no en las formas utilizadas. No hay más violencia por decir «Consejero de Economía» en lugar de «responsable de la Consejería de Economía». No veo más respeto en la segunda forma.
Lo único que veo, de hecho, es la enorme cantidad de documentos oficiales que serán rechazados por fallo de forma al no usar una forma cuidadosamente neutra de expresión que no haga la menor referencia al sexo de cada cual.
Cojones ya. Al final acabaremos como con la neolengua de Orwell.
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agente_naranja (offline) dijo
No te preocupes, que cuando domine el mundo, dejaré que redactes los documentos oficiales y oficiosos como te dé la gana.
Generosa que es una.
23 Marzo 2009 | 11:51 AM