La crisis también llega a los bocadillos
A Noli y a mí, como a cualquier pareja de personas normales compuesta por una persona normal y otra que no lo es en absoluto, nos gusta comer comida basura de vez en cuando, para que el cuerpo no se nos acostumbre demasiado a la vida sana. Hay que mantener a raya a esos hijos de puta. Que sepan quién cojones manda aquí.
Ejem. Lo decía porque el viernes, dando un paseo por Las Palmas, decidimos comer en el Bocatta de Siete Palmas. Yo no tenía hambre (¡MILAGRO! ¡MILAGRO!), así que solo pidió Noli (y la niña aprovechó para intentar pillar hasta la última miga; es un jodido saco sin fondo).
Yo estaba en modo padre, así que no le quitaba ojo a Claudia para que no se diera una hostia contra las mesas (Claudia, más que caminar, anadea; cosas del aparato que tuvo en las caderas desde que nació), por lo que no me estaba fijando mucho en la comida.
Sin embargo, Noli miraba su bocadillo como si en lugar de pollo tuviera cucarachas, así que le pregunté que qué pasaba (yo siempre haciendo de macho alfa, raudo y veloz a cagarla desfacer entuertos). Ella dijo lacónica:
Los bocadillos son más pequeños que antes.
Y coño, era verdad. Recuerdo la época en que te comías una pedazo de alpargata en el Bocatta, pero ahora los bocadillos son mucho más pequeños. Y el precio es el mismo, claro.
Estafa no es, técnicamente hablando, pero «jodienda del servicio» sí que es un término que lo describe bastante bien.
!-->



antares dijo
Y los chicles también son más pequeños. Al menos los de Orbit. Por eso en el anuncio te dicen que te comas dos de golpe.
17 Marzo 2009 | 01:40