Amor, oxidantes, acidulantes y ácido carbónico
Internet da mucho de sí.
Un buen día abres un blog para contar las primeras gilipolleces que se te ocurran, y al otro día resulta que estás conversando con un montón de gente a la que no conoces de nada en persona, contándoles las mayores burradas que imaginarse pueda.
Descubres con pavor que entidades absolutamente subversivas son más subversivas todavía (¿es eso posible?) entre bambalinas. He encontrado un alma gemela, vamos ![]()
Descubres que niñas que son toda dulzura en su blog resulta que son unas cafres de tres pares de cojones cuando hablan por correo
Lo cual me congratula, porque todo lo que huela a corrupción, agrada a mi sentido de la perversión.
Descubres que tíos que son más raros que los perros verdes son tan raros en realidad, que son exactamente igualitos a uno mismo
Las rarezas se atraen (pero sin mariconeos, ¿eh?).
Fruto de interminables conversaciones por correo entre estas entidades, mi hermano y yo, surgió una idea prácticamente de forma simultánea en todas nuestras cabecitas, para regocijo de los gilipollas creacionistas, a los que le encanta ver efluvios divinos hasta en el semen de las poluciones nocturnas.
Un buen día estábamos hablando del Clipper de fresa, bebida por antonomasia de Gran Canaria, responsable de extrañas mutaciones tales como mi hermano y yo. Y como estas pobres criaturitas peninsulares no tenían ni puta idea de la existencia de tan gloriosa bebida, a la cual solo puede compararse, y de lejos, el hidromiel de dioses, mi hermano y yo decidimos culturizar a esta panda de animales a estos pobrecitos ignorantes de mierda.
Mi hermano y yo somos onvres de acción, así que nos dispusimos a enviarles unas botellitas de Clipper de fresa a estos entes, para diversión y jolgorio generalizados. Mi hermano se encargó de comprar las botellas y empaquetarlas, y yo de enviarlas por correo.
La tensión se mascaba en el ambiente. Era como tensión sexual mal reprimida, como si metieras a un montón de animales en celo en un cubículo de 2x2x2 mientras los hacías saltar por los aires con una buena pistola gravítica. Se llegó a sugerir el uso del Clipper de fresa como lubricante íntimo. Huelga decir que nadie que haya probado nunca el Clipper osaría sugerir semejante uso. A menos que quisiera mejorar mucho el agarre. No el deslizamiento, precisamente.
El caso es que la semana pasada, los tres ínclitos recibieron sus botellas, y se dispusieron a cumplir con el único requisito que les habíamos impuesto mi hermano y yo: publicar cada uno una historia, con fotos, en las que se viera la botella a medio consumir. El título de la historia debía ser Resibiendo amor desde Canarias. Y no, lo de la «s» en «resibiendo» no es casualidad.
Ellos han cumplido con creces, y nos han proporcionado momentos de risa sin par. Les agradezco su buen humor, sus burradas y el derroche de imaginación del que han hecho gala en todo momento.
Porque si eso no es amistad regada con Clipper de fresa, que me digan a mí qué coño es.
Lean y disfruten:
- Resibiendo amor desde Canarias, versión Antares.
- Resibiendo amor desde Canarias, versión Agente Naranja.
- Resibiendo amor desde Canarias, versión Doctor Pi.
