El increíble campo de distorsión de los cuartos de baño en las empresas
Supongamos que usted es una persona de natural discreto. No se mete con nadie y se cuida muy mucho de expresar opiniones malevolentes sobre sus compañeros de curro. Una buena persona, vamos.
Ahora bien, usted va al baño de la empresa, con un montón de letrinas, un espejo enorme, puertas, etc. Y se encuentra con otro compañero.
Y empiezan a rajar como si de dos víboras se tratase.
Los baños de las empresas tienen una cualidad de distorsión curiosa. Entras, te encuentras con un compañero, y de repente te sientes como si estuvieras compartiendo cama con él después de una buena sesión de cuero, dolor y fellatio.
Pero hay puertas, ¿saben? Puertas cerradas. Y a lo mejor hay gente dentro.
Tu jefe, por ejemplo ![]()
Yo, que soy un cabrón de la hostia, me cuido muy mucho de hablar en el baño de cualquier cosa que sea menos inocua que el tiempo que hace fuera de la oficina, pero a veces me he encontrado con compañeros que empiezan a rajar de mala manera. En esos casos, ni siquiera llego a proferir un sonido. Me limito a callarme, mirando al frente, y cuando acabo con lo que estoy haciendo, me despido y salgo. Paso de líos ![]()
A mí me da que eso de agarrarse los penes en el baño (cada uno el suyo, normalmente), crea intimidad e incita a la rebelión verbal. Si no, no se explica, porque no se me ocurre sitio menos discreto.
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doctorpi dijo
A veces es peor oir la descomposicion física con sonidos guturales incluidos en la puerta de al lado.
XDDDD
5 Marzo 2009 | 01:24 PM