Sobre los perniciosos efectos del aburrimiento en verano
Noli y yo íbamos ayer en el coche hablando del aburrimiento. Ella afirma que Claudia es clavadita a mí en ese aspecto, porque cuando nos aburrimos, nos volvemos unos cafres
Cada uno a su manera, claro.
A la niña se le nota bastante, porque cuando está con gente que no son sus padres, parece que se le ilumina la cara y se asiroca toa. En mi caso pasa algo parecido: cada vez que hago algo que se sale un poco de la norma, se me alegra el día.
Hablando de esto me dio por pensar en los veranos que pasaba cuando estudiaba en el colegio. Normalmente eran mortales, porque si tenía que quedarme en casa por lo que fuese, el aburrimiento alcanzaba cotas orgiásticas. Así me ponía a hacer cosas raras con los videojuegos...
Entonces recordé una cosa: Exin Basket.
Es posible que algunos de ustedes estén ahora con jadeos, palpitaciones, mareos y sudoración extrema en las manos. Si es así, enhorabuena: son ustedes unos viejunos ![]()
Para los que no lo sepan, el Exin Basket era un juego de baloncesto un tanto peculiar. Si quieren ver una foto del cacharrete, pueden echar un vistazo en un blog que he encontrado sobre juguetes del pasado, llamado Aquella mavarillosa infancia. Menuda mina...
El juego consistía en un plano que simulaba el campo, con dos canastas. La pelota era de corcho pintado de naranja, y se movía mediante impulsos de aire. Si observan la foto del artículo que he enlazado verán que había tres grandes pulsadores, uno para cada zona del campo (campo propio, centro y campo contrario). Los agujeros del campo estaban orientados hacia la canasta, de forma que tenías que impulsar la pelota con la fuerza adecuada, a ver si encestabas.
Mi hermano y yo estábamos hechos unos expertos en el jueguito, porque tenía bastante miga controlar la pelota. No todo era lanzarla a lo loco hacia adelante, ya que podías hacer bloqueos en tu zona, desviando la pelota con aire. Con un poco de práctica, «leías» las intenciones del contrario, haciendo que soplara a destiempo, con lo que aprovechabas el tiempo de recuperación del botón para encestar.
Para redondear la faena, recuerdo que un verano me monté yo solito un mundial de baloncesto. Rellené unas fichas en papel cuadriculado con los cruces de ni-sé-cuántos equipos internacionales (cada uno con su banderita perfectamente reproducida), desde dieciseisavos de final hasta la finalísima. A veces, cuando no podía jugar con nadie, me dedicaba a jugar solo, a ver qué equipo ganaba ![]()
Sí, lo sé. Estaba como una puta cabra. Cosas que pasan.
Ah, los recuerdos... Qué putos son.
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pkim dijo
Yo recuerdo jugar con mi vecino Jose y taparle un par de sitios con una bola de papel higienico mojado. xD
2 Marzo 2009 | 11:45 AM