No es que me esté dedicando ahora a destripar gallinitas para leerles las entrañas, cual arúspice calvo y degenerado. Lo que pasa es que esa frase es algo sobre lo que preferimos pasar de puntillas: todos sabemos que es verdad, pero preferimos que no nos lo recuerden. El ser humano vive su día a día como si fuera inmortal. Pero llegará un día en que nos desenchufarán de Matrix.

Sin embargo, no me voy a meter en disquisiciones filosóficas de gran calado. Aquí preferimos el menudeo, el cachondeo y la fotografía.

Sí, la fotografía. Porque el título de la historia es el título de un trabajo de Simon Høgsberg que he visto reseñado en Foto Microsiervos: We're all gonna die.

Para hacer este trabajo, Simon realizó una serie de fotografías durante 20 días en verano del 2007, desde el puente de ferrocarril en la Warschauer Straße, que no tengo ni puta idea de dónde está, pero sospecho que es más o menos por aquí.

El resultado es increíble. A lo largo de un mural de 100 metros se muestra una colección de personas, cada uno a lo suyo, que no parecen saber que están siendo fotografiadas. Yo me quedo con la imagen de un padre escuchando su reproductor portátil y haciéndole algo al bebé que lleva en una trapera, por la que asoman los piececillos (deduzco que es una niña por los calcetines rosa; subproductos culturales persistentes). Y no, no pongo captura. Lo buscan ]:-)

Por si tienen curiosidad, Simon tiene unos cuantos proyectos más a los que vale la pena echar un vistazo.

Ains... Qué abandonado tengo el vicio de la fotografía...