Si tienen unos cuantos libros en casa, en una estantería o algo así, hagan el siguiente experimento: echen un vistazo y observen los textos en los lomos de los libros.

Ahora díganme cuántas veces han tenido que girar la cabeza para poder leerlos.

Teorema: la probabilidad de acabar con un destuerzo del cuello aumenta de forma directamente proporcional al tamaño de tu biblioteca y de forma directamente proporcional al grado de entropía en la organización de los libros que la componen.

Creo recordar que hace años leí algo sobre la manía de los editores españoles de poner los textos en los lomos de los libros con la orientación que les daba la gana. Hablando hoy con mi compañero erGuiri (God save the fuckin' Queen, lad!), me comentó que en la Pérfida Albión los editores siempre ponen el texto de los lomos de arriba hacia abajo. Es más, me dijo que el motivo es simple: cuando pones un libro sobre la mesa, apoyado en horizontal, de esa forma puedes leer el título con naturalidad porque queda de izquierda a derecha.

A veces, cuando estoy buscando un libro en El Corte Inglés, parezco una avestruz crecida y calva (o una avutarda calva, como me llamó un compañero ayer), girando la cabeza alternativamente, según se haya salido del huevo derecho al editor poner el título. Después de esas sesiones de búsqueda, me duele la cabeza de forma invariable.

¡Por un estándar en los lomos de los libros, YA!