Astrospam
La noche de observación astronómica dio más de sí, en realidad, aparte del frío de cojones y de las fotos fallidas. Lo que nos pasó fue un tanto surrealista.
Un compañero de mi trabajo no pudo ir porque estaba pachucho, pero en un momento dado, llegó un coche y aparcó donde estábamos nosotros. Eso, que pudiera parecer normal, no lo es en la cumbre, donde con el frío ni los grillos salen de paseo. Además, por allí no han oído hablar ni de Satanás, con lo apartado que está.
Pues nada, llega un tipo, aparca y se baja del coche. Mi primera impresión fue la de levantamiento-súbito-de-ceja™, porque el tío llevaba una camiseta ligera e iba con medio pecho descubierto. Pensé que debía de ser un inuit que se había perdido.
El caso es que el hombre llega y empieza a preguntarnos cosillas: qué tipo de telescopio teníamos, qué estábamos intentando captar, qué software usábamos para la cámara, etc. Me di cuenta de que era uno de esos curiosos que se paran de cuando en cuando a ver las observaciones astronómicas de los demás. Algo muy común en esto de la astronomía de aficionado.
Craso error.
La cosa empezó a tomar tintes surrealistas cuando el tío (que ni se presentó ni hostias) empezó a insinuar que no estábamos enfocando bien. Sin tocar el telescopio. En ese momento llegó mi segundo levantamiento-súbito-de-ceja™ de la noche (por cierto, mi amigo Óliver había desaparecido en el interior del coche, con claros síntomas de congelación en las manos). Además, como le había dicho que estuvimos en la última Astroparty de Gran Canaria, automáticamente le dio por suponer que alguno de nosotros tenía que ser Javier.
Tercer levantamiento-súbito-de-ceja™ de la noche. El tío recordaba a un tal Javier (que era precisamente el colega que no pudo subir), porque había tenido problemas de pérdida de electrones (sic) y de los códec del mando (sic), y por eso no podía enfocar bien el telescopio.
Llámenme burro, pero a mí me daba la impresión de que aquella conversación se estaba yendo por el retrete. Y la cosa fue a mayores cuando el tío se puso a hacer proselitismo, diciendo que aprenderíamos mucho más si estuviéramos en la Agrupación Astronómica (de Gran Canaria, se entiende).
Es decir, nos estaba haciendo spam. ¡En la puta cumbre! Yo a esas alturas estaba en modo «pero... pero...».
Pero lo bueno estaba por llegar. Me pregunta cómo se llama el dueño del telescopio, y le digo que se llama Óliver. Pues se va hacia el coche y le suelta un rollo al colega acerca de los electrones y la caída del imperio austrohúngaro. Luego dice:
A ver si eres el que yo conozco...
¡Y se pega a dos centímetros de la cara de mi amigo! Luego dice.
Ah, no eres tú. Bueno, ¡hasta luego, Javier!
Y se va, no sin antes recordarnos que el sitio donde estábamos era una mierda y que haríamos mucho mejor apuntándonos a la Agrupación Astronómica de Gran Canaria y yendo al Garañón a observar.
Tuvimos coña para el resto de la noche. Cuando dejamos de estar en shadowform, claro.
Y antes de que nadie salte, no me estoy metiendo con la AAGC. No conozco a nadie de la asociación, y no estamos interesados en pertenecer a ninguna, debido a la sociopatía que cuidamos con tanto mimo. Pero me jode, y mucho, que venga nadie a pontificar y a llamarnos ignorantes de forma solapada en medio de la cumbre, sin tener ni reputísima idea de lo que estamos haciendo.
PS Si el tío jugara al World of Warcraft, sería un tanque de puta madre, porque generaba cantidades acojonantes de aggro él solito.
PS El andoba se pasó todo el rato pidiéndome que hablara más alto, y yo pensé que se debía a la braga que tenía cubriéndome la boca, por el frío. Eso hasta que me di cuenta ¡de que tenía tapones de silicona en los oídos!
!-->




akiar dijo
xDD Lo que no te pase a tí... jajaja Menuda historia.
27 Octubre 2008 | 10:58 AM