En mi proceso de conversión desde la categoría de «ser subhumano como una puta cabra» a «padre de familia responsable» (proyecto que fracasa a cada paso, todo sea dicho), hay un pequeño detalle que no me deja dormir (mentira: ahora que vuelve el frío ya duermo otra vez como un leño).

Me refiero al rifirrafe educativo acerca de la enseñanza de la religión en las escuelas. O peor aún, de la enseñanza de la religión disfrazada de ciencia para darle un barniz de credibilidad. Sí, amigos y vecinos, estoy hablando de eso que llaman diseño inteligente, o mejor aún, llamemos a las cosas por su nombre: creacionismo.

Verán, yo soy ateo recalcitrante. Y lo soy desde que tenía seis añitos, cuando le dije a mi padre que no quería ir a la iglesia a que me arengaran un montón de «monos con sotana». Me acuerdo perfectamente de la frase, y me acuerdo de que mi madre se escandalizó y mi padre no me cruzó la cara, como medio esperaba yo. Más bien insinuó una media sonrisa y me preguntó que por qué decía eso. Sapiencia de padre. Y ateísmo, también. Mi padre siempre ha sido un hombre práctico.

En España, una, jrande y libre y todas esas cosas, están empezando a desembarcar las idioteces de los creacionistas, que se empeñan en que el resto de la humanidad debe demostrar que ellos están equivocados. No hace falta ser experto en jurisprudencia para saber que el peso de la prueba recae en su tejado. Son ellos los que tienen que demostrar que tienen razón. Y no pueden, por supuesto.

Toda esta retahíla viene a propósito de un artículo muy breve que he leído en el blog de RinzeWind. El ínclito se limita a enlazar tres cosas:

  1. Un artículo de Juan Manuel de Prada, consistente en una solemne sarta de tonterías sin pies ni cabeza, intentando confundir al personal.
  2. Un masaje de nuca, RinzeWind dixit, por parte del Paleofreak.
  3. Otro masaje de nuca por parte de Aberrón, de Fogonazos.

Verán, no entiendo los vaivenes mentales de esta gente. Cuando suelo decir que no creo en dios porque nadie ha demostrado su existencia, la gente me salta con que «tengo que creer en algo». Y en efecto, soy creyente, les digo.

Creo en la ciencia, en la búsqueda de la verdad a través de la investigación, en el peso de la prueba y en la revisión de una idea con ánimo de torpedearla, a ver si resiste. Creo en la maravilla de descubrir lo ignoto a través de la observación, la experimentación y la deducción.

Pero no creo en cuentos de hadas. Lo siento, pero la moto se la venden a otro. A mí y a mi familia que nos dejen en paz.

PS Por si acaso alguien me sale en los comentarios diciéndome que hay que respetar las creencias y eso, les diré que un cojón de pato. Las personas son respetables. Las ideas, no. Como creo que dijo RinzeWind, aunque no encuentro la cita, las ideas están para pisarlas, violarlas y cagarse en ellas. Si sobreviven al proceso, entonces podremos tenerlas en consideración. Eso se llama método científico.

PPS Quizás también alguien salte con eso de «por qué voy a las bodas, bautizos y comuniones si soy ateo». Pues por la misma razón que un vegetariano no se levanta de la mesa si un amigo se come una hamburguesa. El problema comienza en el momento en que el comedor de carne intenta embutir la hamburguesa en la boca del vegetariano, de forma forzada. Por su bien, claro. Para que coma divinas proteínas.

PPPS Mi amiga Naranjita también tiene algo que decir al respecto :D