Voy a ponerles sobre el tapete unos cuantos pensamientos aparentemente inconexos.

  1. Desde ayer, cuando voy a trabajar por las mañanas, tardo cinco minutos más en llegar. No caí en la cuenta del motivo hasta que un amigo me comentó que ya habían empezado las clases en la universidad, y por añadidura, en los institutos.
  2. A Noli y a mí nos gusta almorzar juntos. Eso implica que comemos después de llegar del curro, algo más tarde de lo normal, sobre las 15:45 o 16:00, más o menos. Bastante tarde, pero de esa forma nos contamos las cosillas que nos han pasado durante el día.
  3. En estos días he comentado con mis amigos lo asqueroso que me parece el sistema educativo actual. Teniendo en cuenta que la niña irá al colegio el año que viene, procuro enterarme de la que le va a tocar.

Son tres cosas cuyo nexo de unión es la Educación, así, con mayúsculas, refiriéndonos a esa institución oficial, o incluso a la mera idea, que no tiene nada de oficial pero cuya importancia es mucho mayor.

Por eso me ha gustado este artículo de Rafael Marín, bloguero, profesor, escritor y padre, no necesariamente en ese orden, acerca de la soledad de los niños, en diversos sentidos, en estos días de vuelta al cole. El artículo es un poco largo, como casi todos los que escribe, pero merece la pena. Y mucho.

Yo todavía no sé nada de estas cuestiones, porque Cuaia es muy pequeña, pero soy consciente de que la escuela no es un medio para librarte del niño cierto número de horas. Y también soy consciente de que, con Noli y conmigo trabajando, dedicar tiempo a la niña es complicado, aunque tenemos la suerte de tener horarios que nos permiten tener toda la tarde libre para ella.

Creo que tengo el día reflexivo ;)