Decrepitud
El sábado por la noche fui a cenar con los degenerados de mis amigos, Oli e Isra. La conversación versó sobre:
- Putas.
- World of Warcraft.
- Sexo.
- Neuropatías.
- Traumas de la infancia.
- Putas.
- UL.
Fue una velada sumamente entretenida.
El caso es que después de meternos cada uno un solomillazo entre pecho y espalda (joder, qué buenos estaban los solomillos con salsa de fresa y con chutney de mango), decidimos bajar a Triana a comer un heladito, consiguiendo de paso rebajar nuestro nivel de embostamiento previo a irnos a dormir (separados).
Ustedes ya saben que me gusta citarme a mí mismo. Soy una fuente de inspiración inagotable, perfecto en mi egolatría rampante. Y cuando bajábamos de Arucas para ir hasta Las Palmas, Oli dijo que podíamos ir a comernos el helado al centro comercial El Muelle o a Triana.
Mi contestación fue rotunda:
A medida que me hago viejo, me siento más a gusto en sitios como Triana, con ambientes semigay y gafapasta extremo. En El Muelle hay exceso de feromonas que pueden perturbarme.
Casi nos damos un castañazo contra la pared del túnel, por las risas.
Y el caso es que no lo dije del todo en coña.
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