Hace un rato estaba hablando con una compañera de trabajo acerca de coser y cantar. No importa el contexto, créanme. No quieren saberlo.

El caso es que cuando dijo la palabra «coser», se desató uno de esos relés que tengo en estado latente en mi cerebro, y empezamos a hablar de que hoy la gente no cose.

Porque, vamos a ver. ¿Qué hacen ustedes cuando se les rompe un calcetín? ¿Lo remiendan o lo tiran y compran uno nuevo? Como dice mi compañera, a siete euros los cinco pares, pues no te jode...

Hace tiempo leí algo parecido en una novela de Henning Mankell: la gente ya no remienda, sino que compra. Bueno, siempre es posible que haya excepciones entre alguno de ustedes que me lee, pero la tónica general es esa.

A tenor de esta conversación, recordé algo que tenía mi madre: un huevo de madera para zurcir calcetines. Supongo que se perdió en alguna de nuestras mudanzas familiares, pero tengo curiosidad por saber si sigue teniéndolo. Es una reliquia de tal calibre, que solo gentes de cierta edad reconocerían la utilidad de semejante objeto.

¿Alguien ha visto alguno alguna vez? Es más, ¿alguien tiene uno? Se me ocurre una persona que podría tenerlo...