Volar
Dejo volar mis dedos sobre el teclado. Tengo los ojos abiertos mientras miles de líneas de código pasan por delante mío. Para el caso podría tener los ojos cerrados. Me aíslo de todo y de todos. La sinfonía de abertura obertura de Abre los ojos, la obra maestra de Alejandro Amenábar, resuena en mis oídos a toda potencia. Se me eriza el vello de la nuca. Si una cámara enfocara mi pupila solo vería el reflejo vacío del código cayendo hacia el infinito, en un remedo barato de la orgía de datos de The Matrix. Múltiples líneas de pensamiento se despliegan, y con un gesto indolente, las mato. Inmisericorde.
La canción que suena ahora es Soñar es una mierda. No podría resultar más apropiada.
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