La increíble conexión vital de Los Secretos
No me gusta la música del grupo Los Secretos.
Así me gusta empezar a mí, generando aggro ![]()
La frase anterior es mentira. O, como mínimo, resulta inexacta. No es que no me guste su música, es que el grupo no me engancha, pero por ningún motivo en particular. Si te gusta la música de un grupo es porque te hace vibrar, porque se establece una resonancia en tu cerebro cada vez que la escuchas, como si algo estuviera inyectándote serotonina directamente en el córtex cerebral (todo el mundo sabe ahora, como mínimo, que el córtex cerebral existe y se encuentra, ejem, en el cerebro, gracias al entrenamiento mental del doctor Kawashima
).
Supongo que no genero mucha serotonina al escuchar la música de Los Secretos. Y ojo, sé que son buenos. Me parecen buenos, pero no me hacen vibrar.
Y sin embargo, fui hace un par de meses a un concierto de los ínclitos en el auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria. ¿Que por qué fui? Pues porque Noli sí que vibra con ellos, con su música. Es su grupo favorito, ¿y cómo puedo negarme yo a ir con mi chica hasta el infierno, si ella me lo pide? ![]()
La Sala Sinfónica del Alfredo Kraus impresiona bastante, hasta el punto de quedarme embobado mirando la condensación del aliento de los espectadores en el techo de la sala. Extraño techo, que me hace contemplarlo intentando descifrar la forma en que los flujos de sonido rebotan en su superficie angular para que hasta el último espectador de la esquina más apartada pueda disfrutar de un sonido pristino.
Pero me voy por las ramas. Noli, Dami y yo conseguimos un buen sitio, en el nivel inmediatamente superior a la platea, algo esquinados pero con una vista inmejorable del escenario. Desde allí pude disfrutar del directo de Los Secretos, un directo que conectó con el público, que lo hizo vibrar, y que me hizo reír en muchas ocasiones con los chascarrillos de Álvaro Urquijo y de Juanjo Ramos, y me erizo el vello con el virtuosismo de Ramón Arroyo y Jesús Redondo.
Fueron dos horas de buena música, de un buen directo y de un montón de fotos.
¿Dije fotos? Ah, sí, es que me pasé por el forro de los cojones la educada voz de una señorita que nos recordaba al principio del concierto que no sacáramos fotos. La verdad es que me costó lo mío ponerme en marcha, porque la D70s no es precisamente una compacta, pero una vez comencé, ya no hubo quién me parase
Eso sí, intenté disimular un poquito. Por si acaso ![]()
Aquí tienen una selección de fotos del concierto. El resto está en el correspondiente álbum de Flickr. Lástima que no vayan acompañadas de música.
PS Las fotos tienen un ruido del carajo, pero ya saben que mi teleobjetivo no es lo que se dice de primera línea ![]()








