Aviso: lo que sigue es una paja mental del calibre de los cañones de Navarone. Bueno... En realidad todo lo que escribo aquí son pajas mentales, pero en este caso me meto a arúspice de cloaca, dedicándome a destripar ranas en los charcos a ver si sus intestinos me dicen algo. Ah, y si resulta que al final estalla una guerra nuclear y las cosas no suceden como les cuento, no me vengan a pedir responsabilidades, que bastante tendré intentando evitar que me viole cualquier tribu de macarras motorizados a lo Mad Max que me encuentre por ahí.

Veamos... Que levante la mano el que nunca haya tenido una fantasía húmeda en la que sea el único superviviente del planeta junto con algunas piborris para amenizar el rato, se entiende. Si eres fémina, cambia los géneros y términos a conveniencia }:-)

Um... Vaya, qué panda de degenerados. Y degeneradas.

A lo que iba. Cuando era chico, me gustaba imaginar qué pasaría si a alguno de los mandamases con maletín nuclear le diera por apretar el botón en medio de una orgía de vodka, bourbon o champagne. Pero no me lo planteaba desde el punto de vista del conflicto global, sino más bien desde el punto de vista que podrían tener los protagonistas de la serie Jericho: ¿qué pasaría en las islas Canarias?

Hace tiempo enlacé un manual de supervivencia en caso de guerra nuclear (por cierto, el manual ya no está en la Wikipedia, sino en Wikisource). Las recomendaciones que pueden leer en el documento son muy específicas, pero tengamos en cuenta el caso especial de las islas Canarias: ¿qué pasaría si de repente se cortaran todos los lazos con el continente?

Respuesta rápida: nos iríamos a la mierda en menos que canta un gallo.

Aquí va la respuesta más elaborada, por partes.

Nuestros lazos con el continente

Vale, de repente llueven las hostias los misiles nucleares como panes. Desde cierto punto de vista, resulta un espectáculo bonito, con tantas luces de colores provocadas por la radiación en las capas altas de la atmósfera. Y no, no es normal ver una aurora boreal en plena región subtropical. Si ven una, empiecen a construir el búnker.

En caso de que estalle un conflicto nuclear de los de verdad, imagino que, de buenas a primeras, se interrumpirían todos los medios de comunicación masivos (avión, tren y barco). En el caso de las islas Canarias eso quiere decir que perderíamos contacto con el continente por vía aérea y barco. Otra cosa serían los viajes entre las islas, y vamos a suponer, de momento, que no nos llueven isotopos encima todas las tardes. Me he metido a futurólogo, no a meteorólogo. No me exijan demasiado.

Perder contacto por vía aérea con el resto del mundo es malo, pero perder el contacto por vía marítima significa la muerte de las islas Canarias. Porque, que yo sepa, el único medio de entrada de bienes de primera necesidad (comida, combustibles, etc.), es por esa vía. El tráfico de mercancías por vía aérea es anecdótico comparado con el volumen de contenedores que se mueve por vía marítima. Si no me creen, vayan un día a la Avenida Marítima y quédense un par de horas mirando el trasiego de contenedores en la terminal de OPCSA. Acojonante.

Suministro energético

Lo anterior empata con esto. Veamos... Que yo sepa, en Canarias las mayores (que no únicas) fuentes de producción energética son las centrales eléctricas como la de Jinámar o Juan Grande. Estas son centrales termoeléctricas que consumen fueloil y gasoil.

Y por estos lares andamos más bien escasos de ambos elementos. No tengo ni puta idea de si tenemos gasoductos que llegan hasta nuestras centrales, pero me da que no, que el combustible es transportado en barco.

En cualquier caso, en cuanto a alguien le dé por cortar el grifo, se acabó el combustible. Y se acabó la electricidad, porque nuestro parque eólico es irrisorio, y no tenemos tampoco granjas de paneles solares como para dar soporte a toda la demanda energética de las islas. Además, si no nos traen por barco los paneles o piezas de los aerogeneradores, difícilmente vamos a poder montarlos.

Se acabaron las neveras, los televisores, los teléfonos móviles, los coches, los ordenadores y leer revistas porno mientras defecas en el baño. Qué coño, se acabó hasta defecar en el baño.

El grado de dependencia energética de canarias es abrumador. Aquí tenemos potencial suficiente para que la energía eólica y la solar palíen en parte esa necesidad, pero no me da la impresión de que se invierta mucho en eso. Por otro lado, aquí no hay ríos permanentes, y las precipitaciones son escasas. La fuerza de las mareas tampoco se aprovecha, y no tenemos combustibles fósiles que explotar.

Chungo, chungo.

Productos de primera necesidad

No tengo ni puta idea de cuál es el volumen de importaciones de productos de primera necesidad que tenemos en Canarias, pero me da a mí en la nariz que tiene que ser elevado. En cuanto a agricultura y ganadería vamos relativamente servidos (aunque no sé si lo suficiente), pero las materias primas, imagino que tienen que entrar por barco, y determinado tipo de alimentos, también.

De todas formas, si se corta de raíz todo contacto con las vías habituales de suministro, ¿qué nos queda por aquí?

  • La explotación agraria. Tenemos un cierto número de cultivos de cierta diversidad, pero apostaría lo que fuese a que no es suficiente ni de coña para alimentar a dos millones de bocas. Además, la producción se iría al carajo por la falta de combustible para la maquinaria. Sería mucho más difícil producir un kilo de lo que fuese en comparación con los good old days.
  • La explotación ganadera. Suponiendo que nuestras lindas vaquitas y cabritas no empiecen a desarrollar extrañas mutaciones debido a la radiación, consideraría que nuestro parque ganadero es casi anecdótico.

He echado un vistazo a un PDF sobre la situación económica de Canarias y, como suponía, la mayor parte de la población (sobre el 75%) se dedica al sector servicios. Gente que se dedique a la agricultura o a la ganadería, queda poca, y es que el éxodo desde el campo a las ciudades también se ha dado en Canarias, como en todas partes. Cada vez somos más los que chupamos recursos a costa del campo }:-)

Según el PDF que les he indicado, las importaciones en Canarias superan con mucho las exportaciones. De hecho, prácticamente cuadruplican las exportaciones. Es decir, aquí consumimos mucho y producimos muy poco. Veredicto: cuando los racimos de bombas nucleares iluminen la noche con hermosos colores iridiscentes, vamos con la proa al marisco.

Aislamiento progresivo, hambruna, éxodo rural inverso y muerte

Vale, el escenario está claro. Si se corta el cordón umbilical que nos une a la metrópoli, nos quedamos sin suministro energético y sin productos de primera necesidad. ¿Qué pasaría entonces? Bueno, echen un vistazo a alguna de esas películas postapocalípticas que tanto nos gustan a todos.

Aparte de las algaradas y desórdenes varios que se producirían, la situación en las ciudades no sería nada halagüeña. De repente, las ciudades se convertirían en apestosos contenedores de carne en proceso de:

  1. Descomposición porque se han muerto.
  2. Descomposición en el futuro, porque están muertos pero todavía no lo saben.

Sin suministro eléctrico ni alimenticio, las ciudades serían como inmensas cloacas donde lo primero que haría la turba es asaltar El Corte Inglés más cercano (venga, confiesen, ¿a que se les ha pasado por la cabeza?) Si volvemos al salvajismo desenfrenado (y aunque la «clase dirigente» canaria estuviera no formada por una panda de inútiles, que lo está), y los medicamentos de repente se esfuman, ¿qué diablos nos queda en las ciudades?

Exacto, nada. Así que la única solución es tirar al monte. Pero claro, estamos hablando de un éxodo de dos millones de personas, fragmentado por islas. Tirando de las estadísticas del INE, solo en Gran Canaria hay unos 815.000 habitantes, aproximadamente un 78% de los habitantes de la provincia. Más de la mitad de esos habitantes se concentran en los municipios de Telde y Las Palmas de Gran Canaria. Entre pitos y flautas, vamos a tener a más de medio millón de almas subiendo a las cumbres.

Me da que tendríamos que comernos las piñas que caen de los pinos. La gente intentaría refugiarse en zonas salubres, pero claro, los legítimos habitantes de las zonas rurales (como mis suegros), seguramente no verían con muy buenos ojos que una panda de hijos de puta salidos de la ciudad de repente decidiera quedarse en los campos, «requisando» una casa o dos.

Y es que no hay zona rural en estas islas que soporten tal flujo migratorio inverso. ¿Esto a dónde nos lleva? A más hostias repartidas como si fueran panes, porque tanta gente junta y cabreada genera fricción. Y Newton podría decirles tranquilamente que, por aquello de la termodinámica, la fricción genera calor. De ahí a las hostias (y tiros) no hay más que un paso.

¿Resultado? Pues que los que no hayan muerto en las ciudades morirán como perros en el campo en medio de interminables luchas por el control de los escasos recursos naturales que pueden brindarnos nuestras islas. Auguro que habría zonas calientes en torno a las principales presas de las islas, y el que tuviese huertos o ganado los defendería con su vida. Por lo menos mientras pueda darle de comer y beber al ganado y regar los huertos.

Esta cifra es tan irreal como cualquier otra: el 80% de la población a tomar por culo. Si quieren estudios fiables, encárguenlos a alguien que cobre por ello. Yo solo escribo un blog.

Chungo, chungo.

Vuelta a la edad de piedra, más o menos

¿Qué nos queda al final? Pues siete islas aisladas entre sí (a menos que haya algún tarado con ínfulas de Jonay en busca de su Gara), con un recorte brutal de población (sobre todo en las islas capitalinas, Gran Canaria y Tenerife), y una economía de pastoreo y labranza apenas capaz de sostener a los que queden. Los que no se mueran de hambre, lo harán por las enfermedades o los enfrentamientos inevitables.

Hale, a la edad de piedra. Todos guanches.

PS Evidentemente, si alguien se cree la sarta de estupideces que he escrito, es su problema. Chuck Norris me dio permiso para follarme el blog, y eso es lo que he hecho. Lean (y actúen) bajo su propia responsabilidad. O no.