Arthur C. Clarke tomó el último ascensor hacia las estrellas
Yo empecé a leer novelas de forma tardía, más o menos cuando tenía 14 años. Y mis primeros libros eran de dos autores: Isaac Asimov y Arthur C. Clarke. Ambos amigos. Ambos rivales. Ambos fallecidos.
Arthur C. Clarke falleció esta madrugada en su casa de Sri Lanka, a los 90 años. Según sus propias palabras, que he extraído del artículo de su fallecimiento en El País:
Tras haber cumplido 90 órbitas alrededor del Sol no me quedan demasiados reproches ni ambiciones.
Guardo muy buenos recuerdos de este autor, porque él y otros modelaron mi gusto por la ciencia ficción. Tenía un estilo peculiar, a veces anodino, pero nadie que haya leído la saga Venus Prime o Rama quedará indiferente. Muchas de sus novelas cojeaban de mala manera, pero otras, como Cradle o Songs of Distant Earth eran pequeñas maravillas. He perdido la cuenta de las veces que he releído Cuna
Todavía recuerdo aquel verano con mis padres en Lanzarote y con cuatro libros de la saga Venus Prime que me leí en una semana. Tanta ciencia ficción junta en una mente adolescente fácilmente impresionable tiene que dejar huella, por narices.
Las novelas de Clarke eran más humanistas que tecnófilas, aunque no lo parecieran. Tenía un estilo peculiar, cargado de optimismo. Para él la tecnología tenía un efecto liberador (al contrario de lo que sucede en las novelas de William Gibson o Neal Stephenson). Sin embargo, lo más importante eran los logros humanos, y la forma en la que estos reaccionaban ante fuerzas de carácter superior (casi siempre extraterrestres).
A partir de ahora nos vigilará desde ahí arriba, en su órbita de Clarke después de subir en un ascensor espacial.
PS Gracias por el aviso, Logoss ![]()
