Sí. Un año. Un año con la niña entre nosotros.

Por un lado, parece que fue ayer cuando sostuve a esa cosita recién salida del cuerpo de Noli en mis brazos, acariciándole la ceja (con lo que se quedó dormida y logré acojonar a la matrona). Hoy veo las fotos que le he sacado y pienso «parece mentira, cómo ha crecido...» Los cambios que tienen lugar en un niño en su primer año de vida son ACOJONANTES, tanto en lo físico como en lo psicológico. Claudia ya va marcando carácter: apuesto a que tendrá mala leche, será muy curiosa y tendrá una mala idea de la hostia (no sé a quién saldrá). Por de pronto se ha acostumbrado a vigilarme para hacer maldades cuando me doy la vuelta. Por lo menos Noli y yo estamos empatados: ya se cargó una figura de ella }:-)

Ver crecer a Claudia ha sido increíble. La niña tiene una alegría y ganas de vivir a prueba de bomba. Siempre puedes saber cuándo le pasa algo: cuando ha perdido la sonrisa permanente que tiene en la cara (salvo cuando me vigila; ahí pone cara de estar calculando la probabilidad de que la trinquen). Dado que ya se pone de pie cuando tiene ocasión, imagino que dentro de poco añadiremos una nueva fuente de preocupaciones en forma de ente trotador }:-) Por cierto, anoche tuve que sacarle de la boca una pieza pequeña que logró desmontar de un coche que le regalaron en la guardería, y tuve que tirarme en plancha para recoger la tapa de una crema que se le había caído a Noli tres segundos antes, justo cuando se la echaba a la boca. Pueden tener la seguridad de que si meten a Claudia en una habitación aparentemente segura, ella se las arreglará en 10 nanosegundos para encontrar la mayor fuente de peligro que contenga (sí, Jose, te estoy robando la frase miserablemente :D)

La experiencia de ser padre nos ha cambiado a Noli y a mí. Hemos desarrollado sentidos que nunca hemos tenido, como entrar en una habitación llena de gente y detectar al vuelo si la niña se ha cagado, o mirarla de lejos y saber si tiene fiebre (lo juro, me pasó la última vez en la guardería). Por desgracia, no soy la persona más paciente del mundo, y eso hace que a veces me sienta encerrado y me ponga de mala leche. Parece que me estoy volviendo un cascarrabias. Qué coño, me estoy volviendo un cascarrabias. Me queda el consuelo de ser consciente de ello ;)

Pero es igual. No cambiamos a Claudia por NADA. La responsabilidad de una vida es algo que hace que te plantees las cosas de otra manera (y de paso, que veas a tus padres de otra manera). El otro día me dijeron que aprendes a ser hijo cuando eres padre, y aprendes a ser padre cuando eres abuelo. No deja de ser curioso. Por un lado espero no cometer los mismos errores que mis padres, pero por otro lado, sé que será inevitable que cometa errores, esos u otros, da lo mismo.

Hoy ha sido un día especial, porque la niña se ha contagiado de nuestro humor, y nos ha regalado sus risas, sus caricias, sus miradas y su parloteo sin sentido.

Ser padre es lo más maravilloso que pueda existir. Créanme.