Dios mío, está lleno de diodos luminiscentes
La Navidad.
Una época de consumo desenfrenado, de compras de última hora, de cenas en familia, de buenos deseos que duran lo que dura el árbol puesto en el salón, de ilusión de los enanos, de ilusión de los padres por la ilusión de los enanos, de calorías (perdón, kilocalorías) sin freno con la vaga promesa de corregir el exceso cuando quitemos el árbol del salón, del árbol en el salón. De luz.
De luz. De luces.
Conozco los argumentos en contra de la Navidad. Me los sé de sobra. Pero qué coño, yo sigo ilusionándome como un chiquillo cuando llegan estas fechas. Y este año más, porque será la primera Navidad de Claudia. Eso hace que este año vuelva a mirar las cosas con unos ojos que hace tiempo que estaban algo velados.
Pero por muy velados que estén tus ojos, es difícil pasar por alto la ingente cantidad de luces que pueblan nuestras ciudades año tras año, luces que nos dicen, de forma rotunda, que las fiestas han llegado.
¿Y vamos a quedarnos como pasmarotes mirando a las luces sin hacer nada más? ¿No recuerdan lo que Eva Sanagustín proponía el año pasado?
Pues este año hay más. Y mejor. Hace un par de semanas me llevé una alegría cuando Eva me mandó un correo hablándome de la iniciativa Estrellas de Belén para este año 2007. Me alegré por partida doble: por poder participar y porque se acordara de mí para ello.
Les refresco la memoria: la iniciativa Estrellas de Belén trata de capturar la iluminación navideña de nuestras ciudades y pueblos. Solo tienes que ir, sacar las fotos y subirlas al grupo de Flickr que Eva ha creado al efecto.
¿Que no tienes cuenta en Flickr? No te preocupes, que puedes ponerte en contacto con Eva para pasarle las fotos (o ya puestos, si alguien quiere pasármelas a mí, ya me encargo yo de hacérselas llegar). En cualquier caso, si tienes alguna duda, Eva se encarga de las explicaciones «oficiales» en su blog.
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