Marcas que marcan
Esta mañana, entre cagadita líquida y cagadita líquida, estaba hablando por teléfono con mi madre acerca de la medida necesaria de macarrones para un plato de pasta que estaba preparando. Uno tiene que acudir a la fuente primigenia de sabiduría para estas cosas. La conversación fue como sigue:
Hijo petardo: ¿Cuál es la cantidad de macarrones que necesito para hacer ese plato tan difícil llamado «macarrones hervidos»?
Madre resignada: ¿Para cuántas personas?
HP: Pueeees... Solo para Noli. Yo todavía me estoy sentando en el trono de forma involuntaria, así que me haré un arroz absolutamente insípido.
MR: ¿Solo para hoy?
HP: No, para dos días, que no tengo ganas de cocinar mañana. Además, tengo que ir al médico, a ver qué opina de mi estado cagalitroso.
MR: Pues pon vaso y medio.
HP: ¿De los de Nocilla?
MR: Sí, de esos.
HP: Vale, mamá, besos.
MR: A cuidarse.
Aunque no se lo crean, la palabra clave en esta conversación es Nocilla. En solo una frase establecimos un baremo, una unidad de medida inteligible para los dos. La medida es «un vaso de Nocilla».
Pero vamos a ver, ¿cuántos de ustedes tienen vasos de Nocilla en casa? Yo no. Mis padres puede que tengan alguno, ciertamente. Y quizás mis suegros. Pero yo no. Pero una medida de un vaso de Nocilla es una medida conocida universalmente, aquí y en Guantánamo. Bueno, allí no, seguramente.
Cuando estaba soltando lo del vaso de Nocilla, mi detector de mierda blogueable se activó (literalmente: pensé sobre la marcha en escribir esta historia). Y es que la mítica Nocilla no es la única marca que ha dejado huella en sus usuarios, creando estándares de facto, ya que no de iure.
Aquí en Canarias se estila mucho eso de preguntar si alguien tiene un klínex, en lugar de preguntar por un pañuelo, o por una servilleta. Recuerdo que una amiga de Málaga se cogía unos cabreos de la leche porque aquí decimos «millos», en lugar de «quicos». Y que yo sepa, los Quicos son una marca de millos (maíz, mi querido lector de la Pérfida Metrópoli).
O, por ejemplo, cuando uno se compra unas zapatillas deportivas (o no tanto) de tela (en Gran Canaria decimos «playeras», y no me pregunten por qué), no puede evitar pensar que se está comprando unas All Star de pega. Por ejemplo.
Además, hay un par de marcas que se me ocurrieron esta tarde, pero he debido de hacer un braindump en algún momento con lo de la fiebre de la niña, porque ahora no me acuerdo. Si alguien tiene más ideas al respecto, ya sabe dónde está la cajita de comentarios.
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