¿Recuerdan el pepino que se compró mi amigo Óliver? Un telescopio Celestron C6-SGT que nos ha costado meter en vereda, porque por un lado, es complicadito, y por otro lado, apenas hemos tenido tiempo de realizar las pruebas preliminares.

Durante un tiempo Óliver ha estado realizando pruebas con el telescopio, al que llamamos cariñosamente oliscopio (al telescopio, no a él), para aprender a hacer de carrerilla diversas cosas importantes.

  1. Montar el oliscopio. No es fácil, créanme.
  2. Asentar el oliscopio de forma que esté equilibrado.
  3. Alinear el buscador de estrellas y el ocular. En caso contrario el cacharro está bizco.
  4. Apuntar el oliscopio al norte celeste mediante el buscador de la estrella polar. Menos mal que tenemos el láser para ayudarnos, que si no...
  5. Alinear dos o tres estrellas de referencia para poder utilizar la base de datos de estrellas en búsqueda automática.

Parece complicado. ES complicado, aunque con perseverancia, al final todo ha ido saliendo bien.

El sábado pasado decidimos probar por primera vez sobre el terreno todo lo aprendido, y subimos a la Degollada del Salado con todos los aparejos para darle caña al bicho.

Bueno, todos los aparejos menos uno: mi puñetero trípode. Cuando me di cuenta de que me lo había dejado en el coche, casi me da un infarto, porque las condiciones de observación eran perfectas. Al llegar nos recibió la Vía Láctea en toda su gloria. Y yo sin un sitio donde asentar la cámara... Casi mato a alguien a mordiscos.

En mi vida he visto un cielo tan perfecto. Por un lado, había una capa de nubes bajas que bloqueaba toda la luz procedente de Las Palmas y Telde, y por otro lado no había ni rastro de la Luna, que no aparecía hasta las 5:00, más o menos.

Pero no me desanimé. Mientras Óliver montaba el telescopio yo me dediqué a poner la cámara lo más estable que pude encima del coche de Isra y saqué este par de fotos.

Una vista de la Vía Láctea desde la Degollada del Salado

Una vista de la Vía Láctea desde la Degollada del Salado

Los preliminares llevaron mucho tiempo, más que nada porque nunca habíamos llevado a cabo todos los pasos a la vez. Después de echar un cabo para hacer ciertos ajustes, me dediqué a hacer un poco el cretino con la cámara.

La sombra de un cretino con cámara

Isra se dedicaba mientras tanto a observar detenidamente como Oli ajustaba el aparato. En realidad no se estaba enterando de nada, pero ponía cara de interesante. Además, estaba preocupado por... el perro.

Isra observa a Oli montar el oliscopio con gesto de profunda concentración

Cuando finalmente tuvimos montado el tinglado, no saqué más fotos, porque si llego a usar el flash esos cabrones me linchan. Además, la noche era demasiado buena como para andar derritiendo pupilas }:-)

Al final de la noche nos decidimos a acoplar la cámara al telescopio. Les adelanto que la siguiente foto es bastante mala, más que nada porque no tenemos ni puta idea de si lo estábamos haciendo bien. Acoplé la cámara al prisma del ocular directamente mediante un anillo-T especial para monturas Celestron. Sacamos una foto de la galaxia de Andrómeda (objeto M 31 o NGC 224), pero como lo único que se ve es una mancha lechosa, paso de ponerla. Ya veremos cuando utilicemos oculares de más aumentos.

Esta foto es de parte del cúmulo de las Pléyades. La foto me parece mala de solemnidad, pero ya mejoraremos ;)

Parte del cúmulo de las Pléyades

Al final de la noche se levantó un viento helado del carajo, y como estábamos ya cansados y con los objetivos conseguidos, decidimos recoger el campo. Pero antes de irnos y de dejar de percibir al perro, saqué una foto del oliscopio con las nubes bajas absorbiendo la luz de Las Palmas al fondo.

El oliscopio contra la luz de Las Palmas al fondo

En definitiva, la noche no fue del todo mal, a pesar de los despistes, de lo complicado de las fotos y del perro. En cualquier caso, todavía nos queda bastante para sacar las fotos que nos gustaría sacar. Sigan conectados a este canal. Les mantendremos informados ;)