Viendo pasar el humo del horno de leña
Estoy escribiendo en mi libreta de vaquita, levemente achispado. Acabo de beberme una caña con el estómago vacío. Sí, ya lo sé, soy un flojo
Puedo meterme ocho güisquis entre pecho y espalda con el único efecto perceptible del enrojecimiento de mis ojos (bueno, mi verborrea también aumenta un tanto), pero me tomo una caña y me quedo mamado como un piojo.
Estoy en una pizzería de Vecindario, La vita e bella, esperando por la pizza Diavola que nos vamos a comer Noli y yo después de bañar y dar de comer a la niña. Acaban de ponérmela delante. Falta el pan con ajo y mozzarela. Esta noche me importa un carajo el colesterol.
Observo la vida a través de la puerta, un rectángulo de 3x4. Pasa la gente. Gente con toda la gama imaginable de expresiones humanas: desconfiados, tristes, cansados, amorosos... Juego a imaginar una breve historia de dos líneas para cada uno: «le fue mal en el curro porque el jefe lo puteó», «llevan poco tiempo saliendo», «está cansada porque la niña no le deja dormir por las noches», cosas así. Estoy levemente inspirado por la cerveza.
Disfruto del agradable calorcillo que desprende el horno, viendo pasar el humo que se trasluce con la bombilla halógena empotrada en un techo de madera noble. La música es suave, levemente narcotizante. Estoy algo mamado. Eso ya lo dije.
Voy a transcribir esta historia tal cual la estoy apuntando en mi libreta.
Estoy vivo.
PS Ahora estoy todavía más mamado. Me he metido otra cerveza comiendo. Creo que es la primera vez que escribo una historia estando algo mamado. Es interesante.
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Moi dijo
Solo una cerveza!!! te estas haciendo muuuuuuyyyy viejo.
18 Agosto 2007 | 01:10 AM