Feldespato quemado
El olor a feldespato quemado inundó sus fosas nasales mientras volvía lentamente a la consciencia. Solo podía concentrarse en aquel olor, casi orgánico. Tenía que haber vomitado por su intensidad, pero por alguna extraña razón pensaba que tenía que disfrutar de aquella extraña fragancia mineral. Creía que le iba la vida en ello. De hecho, así era.
Ya vuelvo a tener pensamientos raros al despertarme a las 5:30 de la mañana. Lo más gracioso del caso es que imagino comienzos de relatos, pero nunca desarrollos o finales. Podría alquilar mi cerebro: pídeme una entrada para tu novela y cúrrate el resto. Cobraría por movimientos peristálticos de mis morosos pensamientos. Tengo muchos.
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