Hace un cojón de años yo era adicto en cuerpo y alma a los simuladores de vuelo, y mi favorito entre todos ellos era el Microsoft Flight Simulator. Recuerdo ver un artículo de una de las Micromanías antiguas, las de tamaño periódico, en el que definían el juego con el titular «El placer de volar».

Solo eso. Volar.

Me pasaba horas volando con mi Cessna Skylane yendo de un aeropuerto a otro, siguiendo las instrucciones de la torre de control, determinando dónde estaban las balizas de radionavegación y todo eso.

Yo estaba muy mal. Era carne de frenopático.

Ahora lo veo en retrospectiva y me doy cuenta de la increíble cantidad de tiempo y esfuerzo que dedicaba a aprenderme de memoria todos los mandos del avión (es que, ejem, no tenía manual), cuáles eran las frecuencias de navegación, procedimientos, etc. Además, por aquella época conseguí, no recuerdo cómo, unas cartas de navegación de la zona de Chicago, y a base de diccionario me empollé unos cuantos conceptos técnicos sobre navegación aérea.

Todo esto viene a que, de chiripa, he descubierto un blog que ha pasado a formar parte de mis lecturas ipso facto: TCAS. Imagino que se leerá como reza el título de esta historia, según el alfabeto fonético de la OTAN, de uso común en aviación.

He echado un vistazo a unas cuantas historias, y parece que el blog está escrito por un piloto (aunque no un comandante) que se dedica a contar cosas del mundillo desde dentro. El blog está plagado de detalles técnicos, por lo que imagino que no será para todos los paladares, pero si eres un aerotranstornado, como dirían los Microsiervos, te vendrá como anillo al dedo :D

Creo que, después de todo, sigo siendo carne de frenopático.