Bueno, hace un ratito que he vuelto de la conferencia, así que tengo mis impresiones fresquitas para vomitarlas por aquí. Todo lo que vi allí puede dividirse entre la organización, por un lado, y la conferencia en sí de Al Gore, por otro lado. Así que vayamos por partes, como dijo el tipo simpático aquel de White Chapel.

La organización

No me atrevería a decir que fue un desastre, porque a fin de cuentas la conferencia tuvo lugar, y de forma más o menos decente, pero había unas cuantas cosas que clamaban al cielo.

En primer lugar estaba la entrada. Por lo que me comentaron mis amigos, se abrió más tarde de las 18:30, por lo que cuando llegué (encima tarde, porque no conté con la enorme cola provocada por el puente de San Juan), había una cola de tres pares de cojones. Pensé que no entrábamos, de hecho.

El caso es que entregué la confirmación de inscripción, enviada por correo, y ni siquiera miraron mi DNI. Sospecho que se debe a que prefirieron eso a dejar fuera gente con la entrada (y cabreada). Por supuesto, ni cacheo ni hostias. Podría haber entrado con mi cámara cómodamente cruzada en bandolera y ni me hubieran echado una segunda mirada.

Eso me lleva al segundo punto: las cámaras de fotos. Me cansé de contarlas, y eso que había restricción en los derechos de imagen. Me cago en las restricciones. Si lo sé me llevo la Coolpix metida en el bolso. Eso me pasa por cretino y por hacer caso de las instrucciones de la organización.

¿Qué más? Ah, sí, lo de las zonas VIP. Resulta que Isra, Óliver y yo subimos a la planta superior para colocarnos justo debajo del gallinero, y nos sentamos tranquilamente. A los 30 segundos llega una azafata de la organización y nos dice que aquella zona estaba reservada.

¿Reservada? Coño, entonces, ¿dónde cojones estaba la restricción de acceso y el control de entrada? Por supuesto, nos movimos sin chistar, cívicos que somos, pero pusimos a parir la organización a gusto.

Otra cosa: a los responsables de sonido habría que colgarlos de los pulgares.

A ver, si alguien ha visto el documental An Inconvenient Truth, se darán cuenta de que Al Gore no es el típico plasta que se aferra al atril de principio a fin de la conferencia. Pues en esta no le quedó otros cojones que hacerlo, porque el micro direccional (la «petaca») no funcionaba bien, y el micro de mano que cogió como sustitutivo, funcionaba todavía peor. Así pues, como los únicos micrófonos que funcionaban eran los del atril, pues nada, clase magistral que te pego. Eso hizo perder enteros a la conferencia, porque afectó directamente al estilo de la misma, haciéndola menos dinámica. Menos mal que el tío es un orador profesional, que si no...

Y en último lugar mencionaré la traducción simultánea. Yo preferí escuchar la conferencia «a pelo». Mi oído para el inglés es limitadillo, pero como había oído hablar a Al Gore, sabía que podría seguirle la mayor parte del tiempo. El hombre utiliza una pronunciación bastante precisa.

Pero mi amigo Isra sí cogió el aparatejo... Y acabó quitándoselo. Por lo que me dijo, parecía que la conferencia la estaba dando una histérica. Es más, alguien tenía puesto a toda leche el volumen del interfono ese y yo lo estaba oyendo desde la esquina en la que me encontraba.

Ah, y para finalizar, ¿en qué idioma estaba hablando la chica que tradujo para Al Gore algunas preguntas de los asistentes? Porque si eso era inglés, yo soy el Zar de Todas las Rusias. Joder, ¿cómo es posible que entienda mejor a un yanqui?

No le daría yo un aprobado a la organización, no.

La conferencia

Pasemos a lo que interesa del asunto, que es la charla en sí. Si has visto el famoso documental de Al Gore, tampoco te pierdes nada, aunque los datos estaban actualizados.

Eso me impresionó bastante. Se podrán decir muchas cosas de Al Gore, pero el tío se toma en serio lo que hace, y se nota.

No he ido a tantas conferencias para poder comparar las dotes de comunicador de Al Gore con las de otros ponentes, pero el tío me parece bueno. Pone pasión en lo que dice, y eso que la conferencia estuvo deslucida por la limitada movilidad que tuvo.

He estado leyendo cosillas acerca de partidarios y detractores de Gore, o debería decir de lo que dice Gore. A raíz de eso, pensé en un momento dado de la conferencia que este hombre estaba ofreciéndonos un montón de correlaciones probables para presentarlas como pruebas de que lo que dice es cierto.

Correcto. Recuerdo que una de las primeras cosas que nos enseñaban en estadística es que una correlación no sirve de nada si no se establece primero la dependencia de las variables. Si son variables estadísticamente independientes, la correlación es caca de bantha.

Sin embargo, hay otro principio estadístico bastante sólido llamado Navaja de Occam, que enuncia que en igualdad de condiciones, la hipótesis más sencilla es también la más plausible (aunque no necesariamente la verdadera; recuerden que hablamos de estadísticas).

Ergo: si Al Gore nos presenta dos gráficas, una con la tasa de aumento de CO2 en el tiempo y otra con la tasa de aumento de la temperatura en el tiempo, y ambas encajan casi perfectamente, la explicación más plausible es que ambos hechos están directamente relacionados. También podría haber trucado las gráficas, claro, pero eso habría que demostrarlo.

Sin embargo, no hay que perder de vista una cosa: ¿qué pretende Al Gore con estas conferencias? Los más cínicos dirán: ganar dinero. Pero claro, eso en realidad no explica nada. Es posible que Gore haga esto por puro afán de conseguir pasta, invirtiendo grandes cantidades de tiempo y esfuerzo. Sin embargo, lo considero poco probable.

A lo mejor es que cree realmente en lo que dice. Que estamos en peligro.

Como les digo, el éxito de la conferencia depende de si Al Gore logra transmitirnos o no esa sensación de peligro, y de si logra o no que salgamos de la conferencia preguntándonos qué podemos hacer para contribuir a que las cosas no empeoren más aún. En mi caso lo consiguió. Será que soy ingenuo.

Yo, que soy lector ávido de ciencia ficción, no puedo evitar pensar en cómo pintan los distintos autores las sociedades hiperindustrializadas, y de qué manera abordan los problemas de consumo energético y los problemas de qué hacer con los subproductos de dicho consumo, como en el caso del CO2. Por lo tanto, no me creo ni de coña lo que dicen los detractores de Gore: que esto es un ciclo natural. ¿Y saben por qué? Porque nunca en toda la historia del planeta ha habido en él una raza de alto consumo energético. Nosotros no somos un factor natural. Por lo tanto, decir que lo que nosotros hagamos no afecta y que la Madre Tierra es sabia es, simple y llanamente, mirar para otro lado y no aceptar la responsabilidad por la parte que nos toca.

Que cada cual saque sus conclusiones.