Elige tu fobia
Ya que en la historia anterior me puse a hablar de nostalgia, explotemos un poco ese filón ![]()
Creo que he mencionado en alguna historia que mis amigos y yo tenemos intención de montar alguna partidita de rol, y jugaremos a La Llamada de Cthulhu. Pues tiempo ha recuerdo que hablando con unos amigos les comenté eso de jugar a rol, y les picó la curiosidad. Me pidieron que montara una partida, pero sin muchas complicaciones, ya que no creían que se fueran a enganchar.
Como me lo pidieron con poco tiempo de antelación, recuerdo que escribí un pequeño módulo que tenía lugar en un psiquiátrico, con una pequeña trama, evidente, pero divertida.
Sin embargo, a la partida le faltaba algo. No es que yo tuviera mucha experiencia, pero sabía, por mis otras partidas, que tener algo «chispeante» y medianamente improvisado hacía que mis jugadores se divirtieran mucho.
Así pues, echando mano de una de mis revistas Dragón (algún día les comentaré algo sobre esta revista) encontré algo muy útil: una lista de fobias que se podían utilizar para cuando tus jugadores perdieran puntos de cordura.
Fue cojonudo.
Verán, fuimos a jugar a la playa, en San Agustín, pero al rato, un vigilante jurado nos «invitó» a que nos fuéramos de allí, porque molestábamos. La verdad es que con 18 años se supone que no te pones a discutir con un vigilante, así que nos fuimos al coche, y allí continuamos la partida.
¿Jugando a rol? ¿Dentro de un coche? Pues sí
Como mis amigos querían algo rápido utilizábamos solo dados de seis y mucha narrativa. El momento cumbre llegó cuando uno de ellos vio algo asomarse detrás de una esquina, algo tan horrible que tuvo que tirar por cordura. Cualquier jugador de La Llamada de Cthulhu sabe que ese es el preludio a la locura más absoluta por haber visto un bicho particularmente espantoso. Sin embargo, en este caso la pérdida de cordura implicaba la adopción automática de una fobia.
Y se armó el belén. Alfredo, uno de mis mejores amigos y padrino de boda, muchos años más tarde, hizo su tirada y luego volvió a tirar el dado para ver qué fobia le tocaba en suerte.
Le toco nictofobia, o miedo a la oscuridad. Y en ese momento nos regaló una de las mejores actuaciones roleras que he visto en mi vida. Empezó a pedir luz, primero con los ojos muy abiertos y cara asustada, y luego gritando a voz en cuello. Los demás jugadores intentaban tranquilizarlo, pero como el pasillo seguía oscuro, el colega prendió fuego a las cortinas. Entonces empecé a disfrutar con el recital de quemaduras varias ![]()
El momento álgido llegó cuando Alfredo pensó que no tenía suficiente luz y decidió quemar viva a una de las jugadoras, a la sazón, su novia. Hasta se cabreó y todo, lo cual indica hasta que punto un puñado de casuales se metió en su papel ![]()
Fue muy divertido. La partida se despachó en apenas un par de horas. Todos murieron, por supuesto. Pero lo importante es que utilizando una trama mínima y el toque de efecto de las fobias montamos algo realmente divertido. Tomo nota para las partidas futuras.
No estoy ahora como para buscar la revista en la que aparecía la lista de fobias, pero como en estos tiempos que corren basta con teclear en la cajita de texto de Google, aquí tienen una lista muy extensa de fobias, por si se tercia. No hay de qué ![]()



Henzo Lafuente dijo
Hola Pablo
Muchas gracias por citar mi "Diccionario de fobias" en tu entretenido blog.
Aprovecho para invitarte a que sigas incluyendo referencias que existan en mi sitio y a la vez, si lo deseas, puedes también enviar tus propias referencias, mediante la plataforma de promoción y votación de contenidos de http://www.apocatastasis.com
Saludos cordiales desde Chile.
HL
23 Junio 2007 | 06:06 AM