El mirador del Pozo de las Nieves, en el punto más alto de la isla de Gran Canaria, fue el siguiente lugar al que acudimos una noche para observar las estrellas. Ya habíamos ido un par de veces a la Degollada del Salado, y como el sitio tampoco era ninguna maravilla, y encima era un picadero, decidimos cambiar de aires.

En mala hora.

La noche en que elegimos ir a ver las estrellas al mirador del Pozo de las Nieves había una calima de la hostia. Apenas un par de días antes estábamos con los abrigos hasta el cuello, y esa noche el aire quemaba, de caliente que estaba.

No pudimos observar nada porque la calima amplificaba la contaminación lumínica de la parte sureste de la isla, correspondiente sobre todo al eje Arinaga-Vecindario-Maspalomas.

Para llegar al mirador hay que seguir más allá de la Degollada del Salado, tomando el desvío en dirección a la base militar que está en la cumbre, justo más allá del cruce de Cazadores. Desde allí son un par de minutos en coche.

El sitio no está mal: es un aparcamiento amplio y cómodo, de asfalto, en el que se puede montar el tinglado sin problemas. Sin embargo, a nuestras espaldas estaba la mole de las instalaciones militares, justo hacia el norte, con lo cual todo el cielo de esa zona quedaba bloqueado.

Ahora que lo pienso, si se nos ocurre encender el láser por allí, nos fríen a tiros. Tomo nota mental, por si acaso.

Por lo tanto, solo tenemos acceso al cielo del sur. No sé cómo será observar desde allí en una noche clara y sin Luna, ya que cuando fuimos la cúpula de luz del sur-sureste se elevaba muy por encima de nuestras cabezas, por culpa de la difusión del polvo.

El sitio está relativamente resguardado, y sospecho que en una noche fría y sin viento, las condiciones tienen que ser mucho mejores. Es posible que volvamos alguna vez. Total, si el sitio resulta ser una mierda, siempre podemos ponernos a matar lechuzas con el láser.

Ah, por cierto, esta es la ubicación del mirador en Google Earth, y esta es la ubicación para Google Maps.

PS Casi se me olvida. Estoy seguro de que ese sitio también es un picadero, porque cuando fuimos llegó una parejita en coche que, en cuanto nos vio, se dio la vuelta como alma que lleva el diablo. Aunque claro, a lo mejor influye que de repente se dieran la vuelta cuatro tíos alumbrando el interior del coche con linternas estroboscópicas. Y no nos pusimos de acuerdo para hacerlo. Lo juro.